Centrar la discusión sobre el #MeToo en el caso de Armando Vega Gil o emitir premisas generales sobre el movimiento a partir de un hecho particular es como enfocarse en un árbol, pero no ver todo el bosque.

Bien es cierto que el caso del músico nos obliga a cuestionar la validez de las acusaciones anónimas y a dimensionar las consecuencias de su difusión en redes sociales.

Sin embargo también es necesario preguntarnos: ¿Cuáles son los problemas que el #MeToo busca visibilizar? Y además, ¿qué hace que una cantidad tan amplia de mujeres opte por denunciar en redes sociales en lugar de hacerlo ante las autoridades?

De acuerdo con cifras de la ONU seis de cada 10 mujeres mexicanas han enfrentado incidentes de violencia, y 4 de cada 10 ha sufrido algún tipo de violencia sexual.

Además, el año pasado se reportaron más de 700 feminicidios en todo el país. Sin embargo las cifras oficiales no reflejan la realidad de la violencia de género en México, pues organizaciones especializadas en el tema estiman que sólo uno de cada cinco asesinatos de mujeres en México son investigados como feminicidios.

A la luz de los datos anteriores es posible entender el problema que #MeToo busca visibilizar: no sólo la violencia a la que están expuestas las mujeres en México; además, la falta de preparación o de voluntad política de las autoridades para atender el problema desde una perspectiva de género.

Para no ir tan lejos, todavía tenemos legisladores –del partido supuestamente “de izquierda” y con mayoría en el Congreso– que se pronuncian en contra del uso del término “feminicidio”, y aseguran que en todo caso, también se tendría que hablar de “hombricidios”. Ello demuestra una total ignorancia sobre el problema de la violencia de género; es decir, del hecho de que hay mujeres que sufren acoso, violencia o que son asesinadas por el sólo hecho de ser mujeres.

Además, abundan los testimonios de mujeres que son revictimizadas por las autoridades al acudir a denunciar abusos.

Ante este panorama, las redes sociales ofrecen a las víctimas una alternativa para denunciar y para señalar a sus agresores.

El #MeToo es un movimiento social cuya expresión se da a través de las redes digitales. Y como movimiento social, se desarrolla por fuera del marco institucional del Estado.

Cuando un movimiento social, un grupo de ciudadanos o algún particular recurre a la participación por fuera del marco de las instituciones, es porque las instituciones no ofrecen una solución a los problemas que planteados.

De modo que la pregunta que el Estado y que la sociedad mexicana en general deberían plantearse no es –únicamente– si una acusación anónima en redes tiene o no valor. La cuestión fundamental, y la raíz del problema, es: ¿Cómo hacer para erradicar la violencia de género en México? ¿Y cómo crear un marco institucional que garantice la atención oportuna de las denuncias formales de las mujeres, de modo que estas tengan la confianza de acercarse a las autoridades?

Veamos el bosque entero, no sólo un árbol.