Me parece detestable e increíble que haya gente que, a estas alturas del desarrollo civilizatorio de Occidente, defienda esa basura irracional, dogmática, imbécil y retrógrada llamada #MeToo: un producto más de esa escoria mental llamada “feminismo”.

Comencemos por lo más elemental: no puede ser justa, ni válida, ni legítima, ni legal, ni lógica, ni aceptable, una iniciativa que, so pretexto de defender los derechos de las mujeres, conculca los derechos universales de la humanidad, sobre todo en materia penal.

Al menos 500 años de evolución mental, legal e institucional nos han llevado a sustentar el Derecho Penal Moderno. Así es: se trata de, al menos, 500 años de apelar al duro peso de la PRUEBA, es decir, de la información que, percibida por lo sentidos y procesada por la razón, coadyuva a comprender las relaciones causales que explican la realidad circundante.

Que quede claro de una buena vez: quien esto escribe es un partidario de la Modernidad, es decir, del proyecto civilizatorio que, entre otras cosas, exige pruebas fehacientes para explicar la realidad que nos circunda. Yo no acepto dogmas, yo no acepto prejuicios, yo no acepto creencias: sólo acepto pruebas duras, así de simple.

Por eso detesto todas las religiones, por eso detesto todos los socialismos, por eso detesto todos los populismos, por eso detesto todos los feminismos… ¡pura basura dogmática!

El feminismo es un monumento a la estupidez…

Y esa basura mental del #MeToo es una colección de creencias (por naturaleza irracionales), de dogmas, de supuestos fanáticos, de datos falsos, de falacias, de sesgos cognitivos, que no tienen asidero en la realidad. Una acusación sin sustento es una acusación sin sentido. Y #MeToo es una colección de acusaciones sin sustento. ¡Sólo gente retrasada mental puede prestarle atención al #MeToo!

Vamos a lo evidente: quien tiene elementos probatorios de un delito de carácter sexual, no recurre a esa basura mediática y paranoide llamada #MeToo… ¡simplemente presenta su querella y sus pruebas ante el Ministerio Público, que incluso cuenta con fiscalías especiales en materia de delitos sexuales!

El #MeToo es sólo un escaparate que fomenta el absurdo, la psicosis, la paranoia, la imbecilidad, la irracionalidad, la estupidez… el #MeToo le apuesta a la “posverdad”, es decir, a las “creencias” que se enraízan en la sentimentalidad visceral acorde con lo “políticamente correcto”.

Yo les pregunto a ustedes: ¿cuántas acusaciones al interior del #MeToo van acompañadas de pruebas fehacientes? Y miren que, en nuestros tiempos, contamos con dispositivos tecnológicos de sobra para demostrar tantas cosas, como, por ejemplo, el acoso sexual.

Les confieso una cosa: cuando, ante mí, una persona se declara “feminista” o “partidaria del #MeToo”, tengo por cierto que estoy frente a un retrasado mental.

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine

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