Entre las primeras acciones que llevan a cabo la mayoría de las dictaduras –según el Manual del Dictador–, están la cancelación de libertades fundamentales, como las de expresión y libre asociación.

En pocas palabras, lo primero que hacen los dictadores es acabar con la crítica al poder y con los partidos políticos opositores al poder.

Y si lo dudan, eso se puede ver hoy en dictaduras como la cubana y venezolana, por citar sólo dos ejemplos

Pero, por si no se han dado cuenta, ese es justo el camino que sigue puntual –por nota–, el gobierno del tirano López Obrador.

Por consigna y utilizando dinero público, el presidente lanza campañas de linchamiento contra los críticos de su gobierno, sin importar si se trata de periodistas, empresarios, políticos o integrantes de la sociedad civil.

En algunos casos –el nuestro, entre otros–, el gobierno de AMLO amenaza a los medios para que no contraten a sus críticos y, en sentido contrario, en otros casos obliga a empresas privadas a contratar a los aplaudidores de AMLO, como ocurrió con Radio Centro y otros.

Es decir, en México no hay lugar para la crítica libre al gobierno de Obrador –lo que no ocurrió con Zedillo, Fox, Calderón y Peña–, y cada vez son más las presiones a un cada vez más reducido número de críticos.

¿Qué significa lo anterior?

En efecto, que AMLO avanza en dirección a cumplir la primera premisa de todo dictador; acabar con la libertad de expresión y someter a los medios.

Pero no es todo. El segundo objetivo, el de aniquilar a los partidos políticos lo conseguirá Obrador mediante el más miserable de los recursos; la muerte por hambre. ¿Por hambre…?

En efecto, López Obrador pretende matar por hambre a los partidos opositores.

Lo anterior se desprende de la iniciativa de reforma constitucional que presentaron a la Cámara de Diputados los más serviles legisladores de AMLO; Tatiana Clouthier y Mario Delgado.

Proponen los abyectos legisladores de AMLO, reducir las prerrogativas para los partidos políticos hasta en 50 por ciento del monto actual.

¿Imaginan lo que significa para un partido político perder el 50 % de sus ingresos? ¿Imaginan a Morena sin ese 50% en las campañas previas a la presidencial de julio de 2018? ¿Imaginan la escandalera de Obrador si los diputados del PRI hubiesen propuesto esa iniciativa a mediados del sexenio de Peña?

Pues precisamente en la respuesta a las interrogantes arriba planteadas se localiza la perversión de Morena y del gobierno de AMLO.

Primero debemos recordar que el de López Obrador es el gobierno que más ha canalizado dinero público al mayor número de programas sociales. Es decir, el populista AMLO regala dinero a manos llenas.

¿Y qué busca con regalar dinero?

Elemental, la compra de conciencias y de votos.

Es decir, que AMLO ya trabaja en su reelección y para ello utiliza el dinero público que le quita a las guarderías, a los hospitales, a las escuelas, a los refugios, a la investigación, a la ciencia, la cultura…

Así, una parte de la pinza se cierra cuando AMLO compra votos con el dinero de todos, mientras que la otra parte presiona mediante la muerte de los partidos opositores, por la vía de la extinción o el exterminio.

Y es que –como ya lo dijimos–, AMLO matará a los partidos por hambre.

¿Y qué creen que quedará de la democracia mexicana, sin partidos y sin medios críticos? En efecto, no quedará nada de la democracia.

Dicho de otro modo, resulta que Obrador llegó al poder a través de la escalera que construyó la democracia para garantizar elecciones limpias, creíbles, transparentes, confiables, equitativas…

Pero una vez que AMLO llegó al poder, tratará de quitar la escalera y prenderle fuego.

¿No qué no?

En efecto, el dictador avanza.

      Se los dije.