¿Por qué será que día con día son más los ciudadanos de la capital del país que piden que renuncie –que deja el cargo–, la jefa de gobierno, la señora Claudia Shehinbaum?

¿Será que se trata de una campaña de descrédito en su contra, como pregonan sus propagandistas al estilo del nazismo?

¿Será una guerra financiada por horribles malquerientes que no soportan que una mujer –además dedicada a las ciencias ocultas del más allá y del más acá–, decida los destinos de la ciudad más pobladas de México?

¿O será –de plano–, la suma de todos los males orientados a causar el derrocamiento del mesías tropical –que lleva a México al paraíso impensable del bien para todos–, que se ensañan con la más leal de sus seguidoras; la señora Sheinbaum?

No sabemos cual es la perversión detrás de la exigencia de que la jefa de gobierno deje el cargo.

Lo que sí sabemos es que alguna maldad se ha desatado contra la mujer ejemplar que gobierna la capital del país como nadie y a quien un pequeño grupo de envidiosos y malquerientes pide la renuncia.

Nadie sabe qué malos pensamientos persiguen al puñado de fanáticos que piden la renuncia de la señora Claudia Sheinbaum, cuando lo que todos saben que sólo hace el bien.

Todos saben que, por ejemplo, la capital del país es la mejor ciudad del mundo, la más limpia, la más segura, la de mayor empleo, la ciudad de los mejores estándares de vida; donde las mujeres pueden salir las 24 horas del día sin ningún riesgo y, es, la ciudad con el transporte público más rápido, seguro y limpio.

Bueno, es tal la suerte de los capitalinos, que la propia jefa de gobierno se encarga de limpiar el Metro y sus alrededores; privilegio que nadie en el mundo puede presumir.

Y si dudan de que la capital del país es la ciudad con más empleo del mundo, por ejemplo basta con ver las calles repletas de empleo bien remunerado y lucrativo; ambulantes que desbordan no sólo las banquetas y las calles sino el transporte publico.

Empleo que alcanza para que los pillos y ladronzuelos se lleven una que otra cartera de los bolsillos de aquellos que tienen tanto dinero que pueden llevar las carteras llenas en el transporte público: ladrones que sólo deben subir al transporte público, estirar la mano y llevarse un celular de la mejor marca o un bolso lleno de dinero, porque el empleo es para todos.

Lo cierto es que pocos se debe quejar de los privilegios de vivir en Ciudad de México –durante el gobierno de la científica Claudia Sheinbaum–, a pesar de que –como como dice la propaganda de los boletines oficiales–, uno que otro secuestrador le quite la vida a los fifís “de las universidades privadas”.

Total, todo se resuelve con un frío y lacónico: “lo lamento”, a pesar de que nadie investigará el crimen y a nadie del gobierno de la capital –y de la procuración de justicia–, le importara sacar de las calles a un criminal, secuestrador y matarife.

Y es que, como dice el mesías de todos los gobiernos de Morena; “las causas justas están por encima de la ley”.

Lo cierto es que pocos entienden el privilegio de vivir en la Capital del país –y en el país entero de la Cuarta Transformación–, porque lo que importa es la igualdad.

En efecto, todos deben ser igual de pobres, igual de precaristas, igual de miserables, igual de lambiscones, igual de inseguros, igual de desempleados, igual de conformistas… la igualdad de cuarta.

Ya en serio –y más allá de la mala metáfora de las líneas arriba citadas–, lo cierto es que el de Claudia Sheinbaum es el peor gobierno de la capital del país en toda su historia y –por eso–, es urgente que la señora Claudia renuncia.

¡Renuncia Claudia…!”

Se los dije.