La peor parte del acuerdo alcanzado por el gobierno de México para evitar la imposición de aranceles por parte de Estados Unidos es que dentro de 90 días podríamos regresar al punto de partida.

El presidente López Obrador y el canciller Ebrard aceptaron poner a las fuerzas armadas y al territorio nacional a disposición de los intereses del gobierno estadounidense: quienes antes rechazaban la militarización de la seguridad, ahora combatirán la migración desde Centroamérica con 6 mil elementos de la Guardia Nacional; y además México tendrá que albergar a todos los migrantes que lleguen a territorio estadounidense a solicitar asilo, al menos en tanto se procesan sus solicitudes de refugio en el vecino del norte.

Nunca había sido tan vigente la metáfora del «patio trasero» para describir la relación bilateral.

Y encima, si dentro de 90 días los resultados de esta política de contención no le gustan a Donald Trump, volverán las amenazas de una guerra comercial.

En ese sentido, ante la inminente llegada de un nuevo embate de Trump y una nueva etapa de negociaciones, es necesario reflexionar: ¿Era posible obtener un mejor acuerdo con el gobierno de Estados Unidos? Y de ser así, ¿cómo podría haberse alcanzado?

Por lo pronto, una primera opción es explorar los mecanismos de negociación a los que el gobierno de López Obrador renunció para evitar una confrontación con Trump.

Quizá el más importante de esos mecanismos es el arbitraje de instancias internacionales de comercio.

La imposición de aranceles por parte de Estados Unidos a México habría violado las reglas del Tratado de Libre Comercio entre ambos países y Canadá, que se encuentra todavía vigente. Asimismo, habría violado las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) de la que ambos países forman parte; y violaría también las reglas del T-MEC, a punto de ser ratificado por los tres países.

Renunciar a ampararse en este tipo de instrumentos borraría, en los hechos, el logro de haber conseguido un nuevo acuerdo en sustitución del TLCAN; logro ampliamente celebrado por el presidente López Obrador.

¿De qué serviría la ratificación del T-MEC si cada que Trump amenaza con violarlo el gobierno de México acepta negociar en lugar de exigir que el tratado se respete?

Por otro lado, el gobierno de México también podría recurrir al cabildeo para hacerse de aliados que podrían verse afectados por los aranceles de Trump.

Recordemos que el gravamen afectaría también a empresas, trabajadores y consumidores norteamericanos, pues el impuesto lo tiene que pagar, en primer lugar, el importador, y posteriormente el comprador final.

De acuerdo con la consultora especializada en economía The Perryman Group, un arancel de 5% a los productos mexicanos generaría pérdidas económicas para Estados Unidos de hasta 41 mil 500 millones de dólares al año, además de la pérdida de 400 mil empleos.

Dicho lo anterior, hay que reconocer que el principal obstáculo para el gobierno mexicano no es la negociación en términos económicos.

Donald Trump ya se encuentra en campaña para su reelección, y parece dispuesto a sacrificar los intereses económicos de su país con tal de mantener satisfecha a su base electoral, abiertamente antimigrante.

Si a eso sumamos la posición complaciente adoptada por el gobierno mexicano, se vislumbra un año complicado para nuestro país.