Luego de la victoria de López Obrador en las presidenciales mexicanas le preguntaron al ex presidente Zedillo –en prestigiada universidad de Estados Unidos–, su opinión sobre el nuevo presidente mexicano.

Mordaz, Zedillo respondió puntual y sin titubeos: “¡debe aprender rápido!”, dijo.

Zedillo sabe que en México y el mundo no existe una escuela para capacitar presidentes. Y sabe el ex presidente que el oficio de presidente se domina a partir del ensayo y el error.  

Pero además, como pocos, el ex presidente que sustituyó a Colosio en la aspiración presidencial de 1994 –luego del magnicidio contra al sonorense–, conoció a López Obrador y sabe de sus habilidades y carencias.

Y es que, en el fondo, Zedillo es corresponsable del meteórico despegue de la carrera política de AMLO, ya que el ex presidente abrió la puerta a la jefatura de gobierno del DF, a pesar de que era ilegal la aspiración de Obrador.

Y, por supuesto, Zedillo también conoció las carencias y limitaciones intelectuales de Obrador. Y, por eso la urgencia de “aprender rápido”.

Sin embargo, en los hechos, está claro que el presidente Obrador no quiere, no le importa y hasta “le vale madre” aprender. ¿Por qué?

Porque a pesar de tropiezos, disparates y torpezas, sigue empeñado en parecer y aparecer como ignorante “en cadena nacional”.

Y ese fue el caso de la nueva pelea declarada por el presidente contra las empresas mediáticas y contra los periodistas que lo critican.

Resulta regresó a la pelea con el gobierno español y, en esas, Obrador soltó una más de sus ocurrencias locuaces sobre la filtración de la carta que su gobierno mandó al presidente español.

Sin entender –otra ves sin entender y menos leer–, sobre su papel como jefe de las instituciones, mandatario, presidente y jefe del Estado y del gobierno, Obrador volvió a la carga contra los medios, en especial contra Reforma, a cuyos directivos y periodistas lanzo nuevos dardos envenenados.

Primero, el presidente preguntó si “la obligación de transparencia es de todos o sólo del Estado” y luego dibujó el autorretrato de su infinita ignorancia.

“Para mi los medios son organismos de interés público y se tiene también que cumplir con una ética (y) no debe haber privilegios, es distinto el derecho a la libertad de expresión, la manifestación de las ideas, de prensa, pero cuando se trata de asuntos así, por qué no revelar la fuente”.

Queda claro que el presidente sigue sin entender nada de los medios, los periodistas y la relación de ambos con el poder.

Primero, el presidente comete el mismo error; igual tropiezo e idéntica torpeza que cuando dijo que ante las críticas de los medios a su gobierno, él apelaba a su derecho de réplica y, por ello, insultaba a medios y periodistas con sus respuestas.

No, presidente, la transparencia es una obligación de las instituciones del Estado. En el caso de los medios y los periodistas, en tanto instituciones privadas y ciudadanos responsables de reportar hechos y criticar al poder, lo que les obliga es el cumplimiento de la ley. La transparencia es propia de los actos del poder, del presidente, de su gobierno y sus colaboradores.

Segundo, en efecto, medios y periodistas están bajo un régimen ético; un código de ética profesional, privado y personalísimo que, sin embargo, regula la Constitución en su artículo 6º.

Si un periodista o una empresa mediática lo incumple, los particulares pueden acudir al Estado, el mismo que usted representa presidente, para exigir que se cumpla.

Pero el Estado, que representa el presidente –usted, señor Obrador–, , no puede ser “juez y parte” de la ética de los medios y los periodistas.

Además, se equivoca presidente, cuando considera a los medios “entidades de interés público”.

Tercero. No presidente, la Constitución define “entidades de interés público” a instituciones como los partidos políticos, que viven del financiamiento público para una función pública fundamental para la democracia.

Los medios y los periodistas sí cumplimos una función de interés público, pero no somos empleados del gobierno y menos empresas del

Estado. No se equivoque, presidente.

Y sobre la revelación de las fuentes por parte del medio y/o de los periodistas, presidente, se equivoca de nuevo.

En México y el mundo, las libertades y los derechos fundamentales son prerrogativas ciudadanas. Es un derecho del periodista y del medio reservar la fuente de su información

Y usted, presidente, en tanto jefe del Estado –y a partir de su responsabilidad como presidente–, es el responsable de garantizar que se cumpla ese derecho. Usted no tiene derechos ciudadanos. ¿Lo entendió?

La lección no causa honorarios, presidente.

Se los dije.