Era un secreto a voces la salida del titular de Hacienda del gobierno de López Obrador.

Sin embargo, el arrogante presidente no entendió que un titular de Hacienda no puede y no debe renunciar, a menos que el presidente apueste por la crisis económica.

El presidente y sus principales asesores debieron ver y escuchar las señales de la inconformidad de Carlos Urzúa y dar un paso al frente para pedirle la renuncia, al tiempo que proponían al suplente.

Pero pudieron más la ignorancia, la inexperiencia, la arrogancia y la soberbia de López Obrador que el beneficio para el país.

Y ahí está el resultado; por todas las fallas arriba citadas el gobierno enfrenta la debacle en los mercados, en la bolsa y en la paridad, sólo para empezar.

¿Por qué nadie le expuso al presidente el enojo del titular de Hacienda? ¿Quién convirtió a Carlos Urzúa en florero? ¿Quién impuso a funcionarios sin el perfil? ¿Quién engaña al presidente y permite que pague, junto con todos los mexicanos, la debacle que ocasiona una renuncia anunciada y que nunca fue escuchada?

Pero el tema es peor si recordamos que la historia es vieja.

Más aún, para recordarla sólo basta echar una mirada a los gobiernos de Luis Echeverría y de José López Portillo –los populistas a los que hoy imita López Obrador–, para entender que cuando un presidente maneja desde su oficina la política económica, podemos apostar al desastre.

Echeverría impuso a su amigo de la infancia, a López Portillo en Hacienda, luego de echar a uno de los más reconocidos economistas.

López Portillo debió impuso a tres titulares en Hacienda, porque quería manejar desde la casa presidencial la política económica.

Y ya conocemos el desastre económico al que llevaron al país los populistas, autoritarios y nada democráticos gobiernos de Echeverría y de López Portillo.

Hoy, Carlos Urzúa se fue por voluntad propia porque nadie lo escuchó, porque mandó todas las señales de que la política económica no se puede llevar adelante desde la casa presidencial y porque la corruptela no puede ser el eje en una dependencia como esa.

¿Por qué se fue Carlos Urzúa?

Porque era un florero, porque el Canciller Marcelo Ebrard tomaba las decisiones económicas, porque engañaban al presidente y porque manos interesadas impusieron a placer a inexpertos en Hacienda.

Se desmorona el gobierno de Obrador a sólo siete meses.