Recientemente, el presidente Donald Trump renunció, vía un tuit, a su Secretaria del Interior Kirstjen Nielsen.

El presidente estadounidense anda a tambor batiente en su proceso de reelección, todas sus acciones se realizan en función de este objetivo. Así, su discurso se ha acentuado enfatizando la construcción del muro fronterizo y en contra de los migrantes dentro y fuera de EU, en la búsqueda del sueño americano. En este contexto, la ex Secretaria Nielsen fue una pieza desechable en la estrategia reeleccionista.

El tema del muro le ha redituado a Trump, lo ha posicionado ante los ojos de su electorado como un defensor del interés nacional estadounidense, es un elemento simbólico que lo identifica con la supuesta idea-fuerza de un país que quiere volver a ser grande; de igual manera, su lucha contra la migración ilegal hacia su país lo ha vuelto un paladín nacional, entre los republicanos y algunos demócratas, ha elevado la escala contra los migrantes de manera despectiva y, recientemente, los ha querido vincular al terrorismo, con el fin de que le autoricen recursos económicos que lo lleven a la construcción del muro.

Estos temas están vinculados a la seguridad nacional e interior estadounidense, el muro, la migración, los terroristas, la renuncia de Nielsen y la campaña por la Casa Blanca.

Y, desde luego, de manera directa a nuestro país.

Hace unos días, en Miami, Florida, hubo una reunión ríspida y poco diplomática entre la Secretaria de Gobernación de México y la entonces Secretaria de Seguridad Interior de EU, fue una especie de ultimátum contra México, acusado de no cumplir en la contención de los migrantes que se dirigen hacia EU. México se defendió apelando a las incrementadas acciones recientes tanto en la detención de los migrantes en su frontera sur, como en la frontera norte, recibiendo los envíos de migrantes que hace EU y con trámites y ayuda humanitaria, para que los atiendan las autoridades migratorias estadounidenses.

Ello no detuvo el discurso amenazador de Trump, lo azuzó, al referirse a México y algunos países de Centroamérica como simples receptores del dinero de EU, que no hacían nada y sólo daban discursos, por lo que dijo que cerraría la frontera . En pocos días cambió de parecer, Trump no bajó la guardia, simplemente dijo que México había reaccionado bien y mantendría la frontera abierta.

Esta lógica política y diplomática del garrote y la zanahoria, muestra las ventajas de EU sobre nuestro país, exponen la limitada defensa de México por sus autoridades, quienes no están dispuestas a afectar, ni mucho menos a enfrentar a Trump. Más que una política de avestruz parecen acuerdos entendidos entre ambos presidentes, aquél dice lo que quiera contra los mexicanos y los de acá ni se inmutan, ni lo oyen, ni lo ven, quizás esa sea la nueva política exterior mexicana, de no caer en provocaciones o hacerse pato o bien, mejor o peor, considerar como loco o tonto al presidente Trump.

Desconcierta un poco esta política exterior y de seguridad interior, pero mientras no afecte los intereses comerciales, no importa que ambos países y presidentes se desgarren las vestiduras, aún cuando se afecte a nuestros connacionales. Así no es factible suponer que haya la renuncia del canciller Ebrard, como circuló hace unas horas, ni tampoco una preocupación real por la exigencia a España de disculparse por atrocidades cometidas durante la conquista, más bien, vivimos un muro de humo para sobrevivir como si fuéramos inocentes.

Podemos seguir con el tianguis turístico y las ventas de garaje como si fuera un tianguis la vida nacional.