Con la palabra el sujeto se construye. El uso del lenguaje, del habla, nos habita y nos muestra nuestra naturaleza humana. El discurso que publicitamos es la expresión de la condición humana. En la manera de decir observamos la forma de pensar y actuar. Aunque no siempre hay congruencia o consistencia en las tres formas de acción.

En el discurso vemos, oímos o leemos a la persona, al individuo que es, cómo es. La humanidad ha usado la palabra o el discurso para decir lo mejor y lo peor de sí. Así enaltecemos la vida, el amor, la verdad, el esfuerzo y las virtudes que nos acompañan. También el discurso se usa para mentir, engañar, insultar o agredir; es la apología del vicio, de la maledicencia o maldad humana que expresa odio, mentira o engaño.

Difícil asumir que todo mundo dice verdades o la verdad, es más fácil asumir que todos mienten; son los prejuicios sociales que, junto a la coacción, construyen el hecho social de Durkheim.

En el ámbito político, hay muchas expresiones comunes que guían la acción y el pensar: divide y vencerás; miente, miente, que algo queda; el que no está conmigo está contra mí. Su constante repetición extenúa los oídos y la razón. Si, una mentira mil veces repetida deviene verdad, hasta que el mentiroso es desnudado con evidencias en la plaza pública o las redes sociales.

Ocurre en las mañaneras que el presidente proclama su verdad, premia o castiga según su conveniencia; desde su atalaya predica su palabra, con su peculiar habla tabasqueña, absuelve de pecados políticos o económicos o ensalza sus ideas pretendiendo enfatizar que son algo nuevo, único, de mejora exclusiva que corona con el vamos bien, sin saber a qué se refiere. Ya lo había dicho la Secretaria de Gobernación: a veces no se le entiende, hay que desentrañarlo.

Es un oráculo ingenioso, donde sus datos son incoherentes: ya nos ahorramos tanto -enfatiza y presume los centavos aunque se pierdan los pesos-, creceremos a tanto -sin evidencia en los indicadores-, se robaron tanto -ni quiénes ni con denuncia ante la autoridad correspondiente- y claro la última perla: las empresas invitadas por el Gobierno de México para la refinería de Dos Bocas, son las mejores del mundo, dice, aunque todas tengan antecedentes de corrupción.

Así las cosas, el discurso es el dispositivo del sujeto, expresa filias y fobias, tiene consecuencias, evidencia de qué está hecho el que habla.

Por otro lado, al impulsar la revocación del mandato presidencial, acaso el presidente constitucional no ha leído el art. 83 constitucional. Es pregunta simple.