Ayer documentamos aquí algunas de las venganzas más emblemáticas que ha emprendido el líder social, político y actual presidente, Andrés Manuel López Obrador.

Una de esas venganzas –y también el mejor ejemplo de lo que es capaz el presidente–, la ordenó López Obrador contra Silvano Aureoles, gobernador de Michoacán, gobierno contra el que lanzó al grupo de choque conocido como CNTE; auténtica mafia del magisterio que sirve al mejor postor.

Todos conocen el resultado de esa venganza; miles de millones de pesos perdidos por la paralización del transporte ferroviario, no sólo de Michoacán sino en buena parte del centro del país.

Y es que a pesar de que el bloqueo y daño al transporte ferroviario es un delito grave –sancionado incluso en la Constitución–, el gobierno federal, al mando del Obrador, ordenó que la autoridad correspondiente no ejerciera acción penal contra los saboteadores de las vías férreas.

Pero lo curioso es que si todos conocieron los estragos del paro de la CNTE a las vías férreas de Michoacán –con afectaciones a buena parte del país–, pocos saben cual es el origen de la venganza contra Silvano Aureoles.

Primero, vale recordar que en los tiempos de la campaña presidencial, el gobernador michoacano se la jugó de manera clara y abierta con el candidato del PRI, José Antonio Meade, a quien brindó todo su apoyo, al tiempo que hizo campaña contra AMLO.

Además, ya con Obrador como presidente, Silvano Aureoles cometió el pecado capital de pretender romper el acuerdo con el gobierno federal para que el pago de la nómina del magisterio regresara a la federación. Es decir, el mandatario estatal de Michoacán lanzó a la cancha de obrador el pago de los salarios de la mafiosa CNTE.

Eso sin contar con el rechazo abierto que planteó el gobernador Aureoles, en todos los tonos, contra la llamada Guardia Nacional del presidente Obrador.

Y, como todos saben, el “rey de Macuspana” no tolera un “no” como respuesta y tampoco una crítica. Por eso, calculador y vengativo como es, Obrador esperó el mejor momento y –curiosamente cuando Silvano viajaba por Europa para atraer inversión–, reventó el paro del magisterio en Michoacán.

Durante dos semanas ahogó a la región de Michoacán, Jalisco y Guanajuato –tres estados gobernador por mandatarios rebeldes–, hasta que consiguió su objetivo; dobló a los gobernadores y legitimó mil 500 millones de pesos del dinero público para engordar la insaciable nómina de la CNTE.

Pero el caso del único gobernador que le queda al PRD –el de Michoacán–, es apenas una cara de la venganza de AMLO contra el PRD y contra Los Chuchos, dueños de la franquicia del partido amarillo.

Otra cara es el debilitamiento –en realidad exterminio–, de todos los centros de poder del PRD. Nos referimos a los gobiernos estatales, a los grupos parlamentarios federales –diputados y senadores–, y a las alcaldías de la capital del país.

En el gobierno de AMLO –de manera particular en Morena–, existe una oficina encargada de manera exclusiva para “comprar” perredistas de todo el país; sean líderes, dirigentes, legisladores… La instrucción es acabar con el PRD, a costa de lo que sea, incluido el dinero público.

Ayer el golpe fue espectacular. De manera nada sorpresiva –porque era un secreto a voces–, nueve diputados federales del PRD abandonaron las filas del partido amarillo. Pero no, no se fueron a Morena. ¿Por qué?

Porque otra de “las genialidades perversas” del gobierno de Obrador es regresar a los llamados “partidos paraestatales”. En este caso, los nueve desertores del PRD crearán “un grupo parlamentario paraestatal”.

Es decir, una bancada de diputados dizque independientes pero que, en los hechos, son pagados, maiceados y manejados desde Morena. Y es que servirán “si y sólo sí” a los intereses de Morena en el Congreso.

Como queda claro, Morena y Obrador vencieron al PRD en Michoacán y en el Congreso –en las cámaras de diputados y senadores–, y sólo falta cobrar los trofeos en alcaldías del DF. Por lo pronto, en Coyoacán, en donde “malgobierna” el futbolista Manuel Negrete, no pasará mucho tiempo para que el Congreso de la CDMX pida su destitución por incompetente.

Y es que Negrete intentó saltar a Morena, pero algún maldoso le cerró la puerta. ¿Por qué? Porque la venganza es eso, venganza. Y ese es el platillo político preferido de AMLO.

Se los dije.