Todos los días tenemos que soportar la perorata anti-corrupción de Andrés Manuel López Obrador. Como buen fanático religioso, López Obrador predica todos los días que “la corrupción es mala” y que, con su llegada a la Presidencia de la República, “la corrupción en México se acabó”.

Como “él es bueno”, su ascenso a la punta de la pirámide nacional tiene un efecto de cascada: sus “aguas puras” fluyen hacia todos los niveles inferiores, “purificándolo” todo. Los “efluvios de su bondad” llegan hasta los rincones más ocultos y podridos de la vida nacional. ¡Aleluya!

¡Resulta increíble que haya tanta gente creyendo esta estupidez! México está pagando muy cara la candidez de los 30 millones que colocaron a López Obrador en la Presidencia de la República.

A ver, de entrada, López Obrador no entiende que los mexicanos no están en contra de la corrupción, así, a secas: sólo están en contra de la corrupción que no los beneficia… ¡pero son partidarios de la corrupción que los favorece!

Si el mexicano típico, común y corriente, de todos los días, de a pie, puede obtener beneficio de la violación a la ley, seguramente lo hará. La creencia de López Obrador sobre “la bondad intrínseca del pueblo de México”, sólo existe en su cabeza de fanático religioso.

López Obrador sigue sin entender que Gustavo Ponce, René Bejarano, Carlos Ímaz y demás personajes algún día muy cercanos a él, no son la excepción a la regla, sino la regla misma.

El Ganso Cansado de Palacio Nacional sigue sin entender que, en el ámbito de la administración pública moderna, la corrupción se combate con eficaces mecanismos técnicos y tecnológicos, no con sermones morales.

Ejemplo: cuando en EEUU la gente de veras se hartó de la corrupción policial, presionó a los gobiernos federal y estatales para que las patrullas policíacas tuvieran cámaras de video integradas, de tal suerte que la actividad policial quedara grabada las 24 horas del día de los 365 días del año.

Esta medida técnica-tecnológica en efecto logró que descendiera significativamente la corrupción policíaca… ¡y hasta sirvió de insumo para hacer famosos y lucrativos programas de televisión!

¿Qué medidas técnicas-tecnológicas de similar naturaleza, y probada efectividad, instrumentó López Obrador cuando fue Jefe de Gobierno del Distrito Federal (2000-2005)? Por eso, desde su sexenio la corrupción pública en la Ciudad de México sólo se ha venido traspasando: de AMLO a Marcelo Ebrard (2006-2012), de Ebrard a Miguel Ángel Mancera (2012-2018) y de Mancera a Claudia Sheinbaum (2018-2024)…

¿Y qué medidas técnicas-tecnológicas ha instrumentado el Ganso Cansado de Palacio Nacional para combatir, en serio y a fondo, la corrupción gubernamental? El silencio es la respuesta.

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