“La sinceridad hace que la persona menos importante tenga más valor que el hipócrita mas talentoso”.
En tiempos de la antigua Roma, un joven vertió agua caliente en una vasija de cerámica fina. Al poco tiempo el agua empezó a escurrir al piso. Supo así que lo habían engañado: el fondo de la vasija tenía cera para ocultar sus imperfecciones. Furioso, la arrojó contra el piso. Al igual que la vasija, su confianza en el artesano quedo hecha añicos.
En aquella época, era común que los fabricantes de cerámica sellaran con cera las pequeñas grietas en las bases de las vasijas para evitar que se filtrara el agua entre ellas. Al hacer esto ocultaban a los compradores los defectos en las piezas cerámicas. Las vasijas lucían magníficas eso sí, pero al paso del tiempo, la cera se desmoronaba o derretía, el agua se filtraba, dejando inservibles las vasijas. Los vendedores de cerámica honestos, marcaban a sus mejores trabajos, a las piezas perfectas, sin trucos, con las palabras sine cera (sin cera). De ahí deriva la palabra “sincera”. Ser sincero significa no tener trucos, ser honesto, genuino, puro, transparente. El mostrarnos tal cual somos, libres de simulación o hipocresía.
No importa cuántos siglos hayan pasado desde esa historia, al día de hoy, si hay algo que satisface a los consumidores es la sinceridad de un proveedor. Esa confianza es la que nos hace regresar por un producto o a un establecimiento y lo mismo sucede con las relaciones personales. La sinceridad es indispensable. Solemos mentir para cubrir una verdad que consideramos dura o dolorosa, sin darnos cuenta que las mentiras son mucho más peligrosas y dañinas. Si somos honestos, nuestras opiniones pueden beneficiar a alguien.
Pensamos que nadie notará que no somos sinceros, pero no es así. Al igual que la vasija perdía la cera y quedaban a la vista sus defectos; nuestras mentiras salen a la luz y quedamos como lo que somos: poco honestos. Una vez que nuestros engaños han sido descubiertos, no solo quedamos mal parados sino que lastimamos a las personas que queríamos proteger. Las relaciones no pueden sobrevivir sin la confianza y ¿qué confianza inspira un mentiroso? ¿podemos confiar en una amigo o pareja que miente? Por triviales que parezcan las mentiras, poco a poco resquebrajan la confianza y nadie, absolutamente nadie, quiere estar cerca de personas que no son fiar.
Los políticos deberían tener en mente el cuento de la vasija. Hace un tiempo comentamos que el presidente de Estados Unidos Donald Trump, de que asumió el puesto a enero de este año había realizado 7,645 aseveraciones falsas o engañosas, de acuerdo a Fact Checker Database. Nuestro presidente tampoco canta mal las rancheras. Sus conferencias de prensa matutinas están llenas de datos imprecisos o erróneos. Error, porque nadie pretende que sepa todos los datos de memoria, pero lo que no se soporta es que den datos erróneos o aseveraciones falsas. Sucede los mismo que con la vasija, la confianza queda hecha pedazos y es muy difícil volverla a recuperar.  Para muestra, bastan los resultados de las pasadas elecciones. A todos nos debió quedar claro que la honestidad, es la mejor política.
Buen miércoles a todos.