Hace unas horas se confirmó la fractura del PRD en la Cámara de Diputados, la cual ya se había comentado desde el inicio de esta legislatura, en septiembre del año pasado.

Nueve diputados perredistas renunciaron a la bancada de ese partido y se declararon legisladores independientes. Lo curioso es que algunos de esos diputados dieron el sí, junto a Morena y sus aliados, al dictamen de la Guardia Nacional, así como a otras iniciativas que los morenistas habían impulsado por órdenes del presidente.

Los ahora diputados independientes han dicho que su renuncia se debe a que buscan votar de manera libre en los temas que consideran fundamentales para el bien del país. Y la crítica hacia su ex partido es que se alejó de sus convicciones de izquierda.

El movimiento en el tablero de San Lázaro provocaría que, con esos nueve diputados, Morena pueda alcanzar la mayoría calificada necesaria para cambios constitucionales. Por supuesto que estos legisladores han negado que huirán a Morena, aunque esa historia nos resulta muy conocida.

Curioso que todo se haya acomodado de esa manera justo en estos momentos, ¿no le parece?

Por su parte, la dirigencia perredista ha desestimado la renuncia de los nueve diputados y hasta en tono irónico algunos de los militantes que siguen en el PRD dijeron que los desertores “ya se habían tardado en irse”.

A pesar del optimismo de los líderes del PRD, lo cierto es que tendrán que preguntarse, de nueva cuenta y esta vez muy en serio, hacia dónde va uno de los partidos que fue fundamental para construir la alternancia y los cambios democráticos en nuestro país.

Porque si bien es cierto que lo han negado en público, dentro de Morena parecen estar de plácemes luego de lograr uno de sus objetivos no escritos: desfondar al PRD, aquella institución que alguna vez fue su casa.

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La simulación se cumplió

La semana pasada aquí se dijo que especialistas en materia de seguridad y justicia habían asegurado que a los mexicanos nos estaban tomando el pelo con el ejercicio de Parlamento Abierto en materia de Guardia Nacional.

Y así fue. Después de “escuchar” a los expertos, la mayoría en el Senado aprobó en comisiones el dictamen sin ningún cambio. La oposición dice que se ausentaron de la votación por estrategia, ya que no dejarán que el dictamen avance en el pleno sin los cambios que ellos proponen; el más importante, el mando civil para esa corporación.

Sin embargo, y como se ha leído en los artículos de prensa de los coordinadores de Morena en ambas cámaras del Congreso, la Guardia Nacional se aprobará tal y como se planteó desde el Ejecutivo. Sí, ya cumplieron al escuchar a todas las voces críticas de la propuestas, pero una orden es una orden.

A raíz de todo lo anterior, se vuelve prudente releer algunos de los discursos del estadista colombiano Alberto Lleras Camargo, quien aseguraba en uno de ellos que “la esencia misma de la democracia es una transacción, y por eso se refleja fielmente en las asambleas donde la voz de las minorías no se ahoga esterilmente ante la tiranía del poder.”