Esta segunda década del siglo XXI, esta dejando como herencia diversos temas complejos como: la migración involuntaria, populismos, guerras comerciales, redefiniciones de la democracia, replanteamiento de los liderazgos globales y regionales y por que no considerarlo, el establecimiento de una Guerra Fría 2.0, que no necesariamente tiene que ver con la confrontación que mantuvieron los Estados Unidos y la otra Unión Soviética. Lo que hoy esta presente en el escenario global para esta Guerra Fría 2.0, son tres temas a discusión que son, el Libre mercado, la Democracia  y los Derechos Humanos (DDHH).

De ahí, la importancia de cómo se están tratando estos temas importantes para la agenda de la seguridad internacional como son los acontecidos que recientemente que se han estado suscitando en Venezuela. Este ejemplo es de un gran valor para identificar en donde esta situada nuestra política exterior y cuales pueden ser las dificultades que se pueden presentar para el propio desempeño internacional de nuestra nación. En esta Guerra Fría 2.0 la aplicación de la democracia y de los DDHH, es cada vez más un requerimiento necesario para el mantenimiento del dialogo bilateral y multilateral de los Estados y por ende de alianzas y tratados comerciales que permitan el propio dinamismo de la globalización del libre comercio en nuestros días.

Por tal sentido, es importante considerar lo que aconteció en junio de 2017 en Cancún, Quintana Roo; durante la 47 Asamblea Gral. de la OEA liderada por Luis Almagro, Secretario Gral. del organismo continental y Luis Videgaray Caso Canciller de México, en donde se hicieron fuertes pronunciamientos de lo que eran los DDHH y la viabilidad democrática en Venezuela, a razón de que así está definido en la Carta constitutiva de dicho organismo regional. Si bien, gracias a los votos de algunas naciones Caribeñas y de Centroamérica, no prosperó tales exigencias, sí se logró que una buena parte de América volteara a ver la realidad venezolana, de ser un régimen autoritario y con una hiper inflación de 1.3 millones %, que estaba ya provocando migraciones involuntarias hacia los países de la región con las problemáticas subsecuentes.  Sin embargo, la crisis política explotó el 23 de enero de este año cuando el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, se definió como el Presidente Interino en sustitución de Nicolás Maduro por violentar a la constitución bolivariana.

Con este escenario, es que la nueva administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, asumió la posición de que se apegaría de manera irrestricta, a los principios del artículo 89 constitucional fracción X, destacando ante todo, la no injerencia y la autodeterminación de los pueblos. Con tal posición política el gobierno de México hecho dos pasos atrás de lo que se venía trabajando en conjunto con el Grupo de Lima de brindar certidumbre a la democracia y a los DDHH en Venezuela, sin embargo, desde el pasado sábado 23 de febrero, se ha recrudecido la situación, con la obstaculización del gobierno de Maduro de hacer llegar ayuda humanitaria desde la frontera de Colombia, Brasil y Surinam.

Ante estos hechos, el Vicepresidente de EEUU, Mike Pence, hizo un puntual llamado de atención al posicionamiento de Uruguay y de México, de mantenerse al margen de los acontecimientos en un momento clave para la geopolítica del continente americano y es que en Venezuela además de la democracia y los DDHH Humanos, está de por medio el tácito apoyo de la RP China y de la Federación Rusa, que tienen en esta nación interés nacionales vitales en su juego geoestratégico frente a los EEUU.  Intereses que van en el sentido de apoyos a la industria minera, extractiva y de los hidrocarburos necesarios para el propio desarrollo de la RP de China y para el control del mercado del gas global por parte de Rusia.

En este orden de ideas, el posicionamiento de México parece el ideal de no tener una participación activa en contra del régimen de Maduro, sin embargo, nuestra nación es participe de una alianza estratégica que se llama T-MEC (EEUU y Canadá) y que falta que sea ratificado por los Poderes Legislativos respectivos, que somos parte de otra Alianza Estratégica como lo es la del Pacífico, que contamos con un Tratado con la Unión Europea cuyos miembros, casi todos, apoyan a Guaidó; luego entonces, estas alianzas obligan a considerar el desfase doctrinal en el que se encuentra la política exterior o si bien, se requiere de un planteamiento acorde a las condiciones globales y regionales de un México que es el perfecto enlace entre de los intereses del norte y del sur del continente, de un México que está obligado a ser participe de la gobernabilidad de la región latinoamericana y por ende de ser un actor con voz firme y asertiva que promueva la seguridad regional en el entorno geoestratégico de la Guerra Fría 2.0 donde los DDHH y la Democracia tienen un peso fundamental para la existencia misma de las naciones.

Finalmente, las doctrinas no son entes inamovibles, son planteamientos políticos acordes a las necesidades del interés y la seguridad nacional de una nación, por lo tanto son flexibles para el beneficio del  propio desarrollo de una nación.

Dr. Arturo Ponce Urquiza