López Obrador le sigue haciendo un daño terrible a nuestro país, porque ahora no le basta con destinar dinero público a programas gubernamentales orientados a estimular el parasitismo social: hordas y hordas de huevones y mantenidos que, por iniciativa del rey del populismo (AMLO), reciben dinero de los contribuyentes, es decir, de quienes generan la riqueza de este país, quienes se rompen el lomo para ganarse la vida.

¡AMLO o el mundo al revés! ¡Quitarle plata a la gente productiva para mantener a ejércitos de holgazanes que, obviamente, estarán por siempre agradecidos con quien financia su parasitismo!

Pero resulta que a AMLO ya no le basta sólo con financiar rémoras sociales: ahora también ha pasado a justificar la “delincuencia popular”, es decir, los ilícitos que cometen los pobres por ser pobres.

En el marco de su improvisada y fracasada “guerra contra el huachicoleo”, el gansito del amor se la ha pasado diciendo que no procederá penalmente contra las personas que han robado combustible “por necesidad”, que han robado combustible porque los anteriores gobiernos “los han dejado en el abandono”.

¡Caramba, todo un permiso gubernamental para meterse a delinquir de tiempo completo pretextando vivir en la miseria!

López Obrador le quiere sumar a su ineptitud de todos los días, una justificación pública a la delincuencia que se ejerza en nombre de la pobreza: de esta dimensión es el daño que el Presidente de la República le está haciendo a México.

Y tómese en cuenta que, en los casos de huachicoleo, el robo suele llevarse a cabo con una agravante: ejercerse en pandilla. ¡Pobres robando en pandilla en nombre de la pobreza y con la bendición de Andrés Manuel López Obrador, como en Tlahuelilpan! Las consecuencias son previsibles.

La Cuarta Transformación le ha dado partida de nacimiento a la “delincuencia popular”… ¡terrible irresponsabilidad de AMLO y de quienes votaron por este tipo!

¿De veras 30 millones de mexicanos votaron por esto? Ojalá que quienes votaron por AMLO nunca se topen con una banda de pobres, porque éstos, en tiempos de la Cuarta Transformación, tienen “licencia para delinquir con total impunidad”.

Con los comunistas ya habíamos tenido que soportar los “impuestos revolucionarios” y las “expropiaciones proletarias”, prácticas que a final de cuentas no eran más que viles robos. Y, claro, las hordas comunistas justificaban su pillaje arguyendo que la “propiedad burguesa era un robo a la clase trabajadora, al proletario, al obrero, al campesino”.

Ahora, con los populistas que gobiernan esta nación, los pobres tendrán patente de corso para hacer lo que les venga en gana, y la autocracia obradorista tendrá en la plebe delincuente y resentida a su mejor aliado.

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