En el arranque de su campaña presidencial, en Ciudad Juárez, Chihuahua, Andrés Manuel López Obrador prometió “separar el poder económico del poder político”. Sin embargo, no cumplió su palabra.

AMLO no sólo mantiene el vínculo entre el poder político y el económico, sino que además, desde su campaña se ha abrazado a otros poderes fácticos como los medios de comunicación o la iglesia.

Este martes, El Sol de México reveló que la esposa del tabasqueño, Beatriz Gutiérrez Müller, realizó una campaña paralela a la del entonces candidato para “acercarlo con la cúpula de la Iglesia católica”.

De acuerdo con el citado medio, Gutiérrez Müller visitó a cada uno de los obispos de las plazas donde se presentó López Obrador durante la campaña.

La publicación expone el testimonio del Arzobispo de Morelos, Carlos Garfias, quien confirmó su participación en un encuentro al que fueron convocados al menos una decena de obispos para establecer un acercamiento con el morenista:

Fue un desayuno dentro del tiempo de campañas, donde acordamos establecer una vinculación, un nexo con el entonces candidato, después presidente electo y ahora presidente en funciones. El planteamiento es que ese espacio de diálogo con la señora Beatriz pudiera ser el camino para ir haciendo la vinculación con la Iglesia”, relató el también vicepresidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

Garfias también dijo a la publicación que Beatriz Gutiérrez es vista en la Iglesia como “un vínculo con la presidencia”. Además, el diario cita a fuentes cercanas a la oficina del Ejecutivo que describen a la escritora como “la operadora política de López Obrador con la Iglesia”.

Con estos antecedentes, queda claro por qué Gutiérrez Müller colaboró como columnista invitada en el relanzamiento del semanario Desde la Fe, que —como se informó en este espacio— es el órgano propagandístico de la Arquidiócesis Primada de México.

Por otro lado, cabe recordar que el pasado mes de noviembre, AMLO anunció la creación de un consejo asesor de la presidencia integrado por empresarios como Bernardo Gómez, co-presidente de Grupo Televisa; Ricardo Salinas Pliego, dueño de Televisión Azteca; Olegario Vázquez Aldir, propietario de Grupo Imagen; Carlos Hank González, directivo del Grupo Financiero Banorte y Miguel Alemán Magnani, propietario de Interjet.

Por cierto, serán precisamente Banorte, de Hank González, y Banco Azteca, de Salinas Pliego, quienes se encarguen de repartir los recursos para los programas sociales del gobierno obradorista.

En suma, el presidente también tiene una relación estrecha con los dueños de los medios, quienes a su vez ostentan el poder económico en México.

La iglesia, los empresarios y los medios de comunicación son poderes fácticos, entendidos como actores externos al sistema político, pero con capacidad de disputarle a las instituciones formales la capacidad de decisión sobre los asuntos públicos.

Como poderes fácticos, estos actores defienden sus intereses particulares: están interesados en mantener el statu quo, pues de ello dependen sus privilegios. Son conservadores.

Hasta el momento, no parece que la “cuarta transformación” tenga interés en trastocar ese orden de las cosas.

Se llama pragmatismo: AMLO pactó con poderes fácticos, primero para ganar la elección, y luego para gobernar. Habrá que ver cómo influye esto sobre las acciones de su administración.