Insultados, señalados y agraviados sí, pero no despedidos aún, los policías federales ganaron la batalla en defensa de sus derechos como personas, trabajadores y futuros miembros de la guardia nacional. Serán soportados aún en contra del capricho presidencial de afectarles en lo laboral, la dignidad y el respeto a sus legítimos derechos. Cierta razón pública ha predominado. La forma en que actuó el gobierno, vía Secretaría de Seguridad Pública encabezada por Alfonso Durazo y azuzada por la intencionalidad golpeadora presidencial, topó con un muro policiaco que crecía diariamente; bajo la falsa idea gubernamental de que el que pega primero pega dos veces, madrugador de lo mediático y hostigador de una opinión pública manipulada, falseada por una realidad que se pretendió desdibujarla en contra del sentido común y con el riesgo mayor de sumarle a la delincuencia, personal policíaco federal formado profesionalmente, con experiencia y conocimiento táctico, operativo y logístico, tanto teórico como práctico, o bien se incubó el huevo de la serpiente, violento y criminal desde una mala decisión presidencial.

Lo que dice el presidente importa, porque actúa en un sistema presidencialista que lo coloca y mantiene en la cumbre del sistema político. Lo que diga o haga tiene ciertas repercusiones.

Si el presidente golpea y si pega ya la hizo y si no, recula y culpa a otros, al pasado, a los expresidentes, a los conservadores, los corruptos o a los propios mexicanos que no hicieron nada en contra de las decisiones del momento, pero no logra mirar su propia responsabilidad, ni mucho menos el compromiso que asumió de atender y resolver problemas. Así consideraron el conflicto policiaco que devino en crisis de seguridad.

La polarización social y las tentaciones autoritarias y falsedades cabalgan en las mañaneras; si no hay respeto, no habrá confianza y menos aún apoyo a políticas públicas, gobernar con insultos, mentiras, falsas promesas o demagogias conlleva un gobierno falso, sin rumbo e incierto.

La urgencia presiona al tomador de decisiones inexperto, afecta al buen gobierno, el verdadero ente que ha cambiado con éxito al gobierno mexicano, es el gobierno estadounidense, el presidente Trump es el gran factótum, hasta ahí ha llegado el presidente mexicano, que tuvo que cambiar su política exterior, su política migratoria y su política de seguridad. Una policía civil de proximidad, preventiva, de investigación que debía ser la Guardia Nacional, ante la presión de EU, ha cambiado sus prioridades de seguridad, para atender las fronteras norte y sur y no proteger a los mexicanos de la delincuencia galopante. La seguridad se tambalea, la delincuencia actúa con plena libertad y ya golpea la popularidad del presidente. El bono de legitimidad se agota antes de tiempo, la luna de miel se acabó.

El presidente y el secretario de seguridad ¿Habrán tenido presente los costos que 200 Gafes hicieron al país al generar los Zetas?¿Pensaron el daño a la seguridad nacional que podrían causar los malos manejos de la crisis con la policía federal? ¿Se logró restituir la confianza policías-gobierno? ¿Cuál es el daño de esta crisis de seguridad para con la guardia nacional?

Addenda: la renuncia del Secretario de Hacienda, por motivos de imposición interesada de colaboradores, decisión de políticas públicas sin sustento y no ser escuchado en sus propuestas; el síntoma del autoritarismo en plenitud. No hay respeto, falla la confianza y así nadie puede trabajar bien.