Como ocurrió en los gobiernos anteriores, durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador el poder judicial y los órganos autónomos estarán plagados de “carnales” y “achichincles” del presidente.

Aprovechando la mayoría de Morena en el Congreso, AMLO consiguió imponer como “Fiscal Carnal” a Alejandro Gertz Manero, quien fue uno de sus asesores durante la campaña y a posteriormente fue designado como encargado de despacho de la PGR.

Además, consiguió colocar en la Suprema Corte de Justicia a otro de sus cercanos como Juan Luis González Alcántara Carrancá.

Para la otra vacante en la Corte, AMLO propuso a tres mujeres ligadas a Morena o a su círculo cercano, de modo que sin importar quién resulte elegida por el Senado, el tabasqueño tendrá otra ministra “achichincle”.

Y por si fuera poco, también consiguió colocar como presidente del máximo Tribunal al ministro Arturo Zaldívar, quien resulta ser amigo personal de una integrante del gabinete presidencial, como Irma Eréndira Sandoval, así como de John Ackerman, otro personaje ligado a Morena.

Ahora, los próximos nombramientos que deberá resolver el Congreso a propuesta –es decir, con “línea”– del presidente corresponden al sector energético.

Ayer, en su conferencia de prensa, López Obrador dijo que enviará al Congreso las ternas de candidatos para ocupar las vacantes disponibles en la Comisión Reguladora de Energía (CRE) y la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH).

Además, el tabasqueño se quejó de que ambos organismos autónomos “son independientes del pueblo, pero no de los particulares”. Y es que, según dijo, “estaban como empleados de los particulares, conspirando en contra de la CFE, que es una empresa pública”.

Los calificativos anteriores son una muestra más de la animadversión de AMLO por estos organismos, cuya autonomía podría obstaculizar los planes del gobierno en materia energética.

Ya desde el periodo de transición, López Obrador había mostrado su desprecio por la autonomía de estas instituciones, que en rigor son contrapesos al Poder Ejecutivo.

Siendo AMLO presidente electo, su equipo de transición adelantó que su propuesta para la Ley de la Administración Pública contemplaba subordinar a la CRE y a la CNH como parte de la Secretaría de Energía.

Luego de que la propuesta despertó el rechazo generalizado de la industria, AMLO la retiró. Sin embargo, buscó socavar la autonomía de ambos órganos mediante la presión directa a sus titulares.

El 14 de noviembre del año pasado, a falta de un par de semanas para que Obrador tomara el poder, el presidente de la CRE, Guillermo García Alcocer reveló que la entonces virtual secretaria de Energía, Rocío Nahle, le había pedido su renuncia.

García Alcocer se mantuvo firme. No obstante, el que sí cedió ante las presiones fue el presidente de la CNH, Juan Carlos Zepeda, quien renunció un día antes a petición expresa de Nahle, según versiones periodísticas.

Con estos antecedentes –la aversión del nuevo gobierno por los contrapesos y la facilidad con que ha colocado “carnales” en la fiscalía o “achichincles” en la Corte– cabe esperar que a los consejos de la CRE y la CNH lleguen personajes afines al gobierno, vulnerando la autonomía de los organismos.

O dicho de otro modo, los nuevos comisionados serán independientes del pueblo, pero no de AMLO…

Ahora bien: para ser precisos, cabe aclarar que AMLO no está haciendo nada que no hayan hecho sus antecesores priístas y panistas, quienes en su momento también “manosearon” el poder judicial y los organismos autónomos.

El problema de fondo no es la supuesta perversidad del presidente en turno, sino que la ley permite que los nombramientos en el poder judicial y en los organismos autónomos sean producto de propuestas del Ejecutivo, o de cuotas partidistas.

Urge una reforma para garantizar la autonomía de dichos órganos, pero eso es tema de otra entrega.