Con su sabiduría propia, dice el viejo refranero; “la culpa no es del indio, sino del que lo hizo compadre”.

Y vale recordarlo porque crece la voz popular que reclama –con toda razón–, el fin de las mentirosas mañaneras presidenciables.

Y es que las falsas conferencias de prensa del Presidente López Obrador, de las mañanas, no son más que un vulgar acto de propaganda del Presidente quien no sólo no respode lo que le preguntan sino que, todos los días, miente de manera flagrante.

Mintió el Presidente cuando dijo que su gobierno no había cancelado la compra de gasolina a Estados Unidos; mintió cuando negó que su gobierno era el de más muertes violentas; mintió cuando dijo que en el NAIM “vendían huachicoleo”, mintió cuando dijo que una empresa de cerveza había sido sancionada por evadir impuestos; mintió cuando dijo que las Afores no se habían afectado por tirar el Naim…

El presidente Obrador miente todo el tiempo, todos los días; y diariamente violenta la Constitución, al grado de que hoy no pocos lo motejan como “el mentiroso de palacio”.

Y, frente a esa vergonzosa y aplastante realidad –la de un mentiroso en Palacio y en el gobierno–, crece la pregunta.

¿Para qué sirven las mañaneras del presidente Obrador, si se la pasa mintiendo, engañando, regando culpas a diestra y siniestra; si nunca acepta que el suyo es un gobierno fallido.

Está claro que los reporteros están obligados a acudir a las mañaneras porque ese es su trabajo; está claro que “los hombres perversos del presidente” han utilizado las mañaneras para purificar cadáveres periodisticos, como la señora Aristegui, el fascista Julio Hernández, el pequeño Jenaro Villamil y el inescrupuloso Nino Canún.

Sin embargo, la pregunta no es a las empresas de medios; prensa, radio y televisión. No, la pregunta es a los periodistas que acuden a las mañaneras.  

¿Hasta cuándo van a aceptar ser parte de esa fea comparsa en donde el Presidente nunca responde, siempre evade, nunca habla de manera directa, sino escapa con verdaderas ocurrencias?

¿Hasta cuándo el panoso papel de muchos periodistas comparsa del nuevo gobierno, cuyo Presidente alardea un día sí y otro también, de su cachaza de mentiroso y de engañabobos?

Lo cierto es que las conferencias mañaneras de López Obrador no sirven a los medios, tampoco a los ciudadanos y menos a la democracia.

¿Por qué…? Porque el objeto central de informar sobre lo que pasa en el gobierno, no se cumple ante un presidente mentiroso.

Sin embargo, el problema es que por ninguna parre aparecen los políticos de oposición, los partidos; las mujeres y hombres de la política que debieran ser contrapeso real.

No hay opositores, no hay contrapesos y eso significa que sólo los ciudadanos pueden rescatar la democracia.

Se los dije.