El Bueno, el Malo y el Feo

 

LA BUENA

Un Filósofo en la Arena – Dir:  Aarón Fernández Lesur, Jesús Manuel Muñoz

De todos los debates que pueden polarizarnos (y miren que hay varios) hay uno que provoca especial virulencia, y es aquel que tiene que ver con la llamada fiesta brava. En lo que a mi concierne nunca he visto una corrida de toros, y no me dan nada de ganas, después de todo, ¿quién quiere ver cómo torturan a un animal por mera diversión?

Pero tampoco puedo tomar partido por los antitaurinos justo por lo mismo, ¿cómo condenar una cosa que jamás he probado? Y por otro lado siempre me ha causado curiosidad la gente del otro lado: aquellos que con devoción religiosa van a la Plaza de Toros, tienen pasión por las corridas y ven en los toreros a auténticos dioses que saben burlar la muerte.

El documental, Un Filósofo en la Arena, es una invitación a poner en prueba una vieja tradición que poco a poco (y más con las redes sociales) se está perdiendo: escuchar los motivos del otro. Así, los directores mexicanos Aarón Fernández Lesur, Jesus Manuel Munoz van a Francia para platicar con el filósofo galo Francis Wolff, quien publicó un libro sobre la filosofía en las corridas de toros y parece ser el personaje ideal para argumentar a favor de la tauromaquia.

Así, el jocoso Wolff (ya retirado de la cátedra) explica los motivos por los cuales es aficionado de los toros y del por qué es una actividad inclasificable. Ojo: en ningún momento estamos frente a un documental que pretenda convencer gente, al contrario, Wolff admite que en estos tiempos de corrección política, decir que te gustan las corridas de toros no sólo es impopular sino hasta vergonzoso, y admite que los días de la fiesta brava están contados.

Se trata pues de un documental sumamente interesante, con humor, y que provoca nuevos elementos de discusión no sólo sobre la tauromaquia sino también sobre nuestro acercamiento y relación con los animales.


 

LA MALA

Alita: Battle Angel

Cuenta la anécdota que Guillermo del Toro le dio a leer el manga original de Alita: Battle Angel a James Cameron y éste quedó fascinado, pero cuando compró los derechos de la cinta, no podía filmarla él por culpa de sus compromisos con las secuelas de Avatar, entonces decidió darle el puesto de director al primero que se le cruzara enfrente y ése fue Robert Rodriguez.

Con un presupuesto de 200 millones de dólares (el más grande que ha tenido el director en su carrera), Rodriguez entrega una cinta de acción y aventuras donde uno ya no sabe dónde empieza el CGI y dónde empiezan los humanos reales.

En un futuro donde los cyborg son una cotidianeidad y luego de una larga guerra entre dos bandos antagónicos, el doctor Ido (Chris Waltz) encuentra en el basurero de partes un cyborg humano aún con vida. Se trata de una adolescente a la que decide reconstruir el cuerpo y la bautiza con el nombre de Alita. La niña (Rosa Salazar con unos enormes ojos de CGI), empieza a conocer este mundo que le es extraño, pero cuando se enfrenta a una situación de peligro, se da cuenta que es buena para los trancazos.

Así, Alita poco a poco irá descubriendo sus capacidades de combate así como su verdadero origen. Las escenas de acción están bien logradas, pero el exceso de CGI provoca que absolutamente toda la película se vea en exceso artificial. Rosa Salazar en el papel de Alita se termina por robar la película pero ni la trama ni las escenas de acción son suficientes para que esto salga a flote: la cinta termina a medio metraje y después se arrastra dolorosamente para sentar las bases de una posible secuela.

Dominguera y nadamás. No me anoten para la secuela.


 

LA FEA

GREENBOOK – Dir: Peter Farrelly

Peter Farrelly junto con su hermano Bobby, son los responsables de algunas de la mejores cintas de comedia hechas en Hollywood (Loco Por Mary, Amor Ciego, Irene yo y mi otro yo) mismas que en su momento levantaron cejas de desaprobación por su humor soez y guarro.

No deja de ser extraño que, sin abandonar la veta cómica, ahora Farelly pretenda dirigir una comedia “con mensaje social”. Eso es Green Book.

Nueva York, década de los 60’s. Tony Lipp (extraordinario Viggo Mortensen) es el clásico estereotipo del italo americano: parlanchín, bueno con los puños, de no buenos modales y si, un poco racista. Tony es contratado por su opuesto perfecto, el afroamericano Don Shirley (Mahershala Ali en sorprendente tono de parquedad cómica), un afamado, elegante, sofisticado y culto pianista de jazz. Tony acepta ser el chofer del músico en una gira donde prácticamente recorrerán todo norteamérica en plena era de la segregación racial, lo cual implica usar el infame ‘Green Book’, una suerte de Guía Roji (google it) donde se listan los hoteles que no tenían problema en recibir gente de color.

Estamos frente a un peculiar road movie donde el hombre blanco, pedestre va al volante mientras que el culto, refinado y educado genio musical afroamericano va en el asiento de atrás, para asombro de propios y extraños.

La fórmula es predecible: el callejero Tony poco a poco le irá enseñando a su jefe sobre los placeres mundanos como la música de Little Richard y el gusto por el pollo frito, mientras que el refinado ‘Doc’ intenta de educar a esa buena bestia que es Tony. Pero el peor momento es cuando Tony le salva un par de veces la vida al pianista negro. Los blancos, claro, son los héroes, siempre.

La cosa sería deleznable a no ser que Farrelly -haciendo gala como director de actores- tiene en la dupla Mortensen-Ali a un inesperado tándem cómico que hace irresistiblemente divertida esta cinta. Es pues una comedia que provoca buenas risas, pero que se ahoga en su propia corrección política: la manía de no molestar a nadie ni con el pétalo de una crítica racial.