Desde antes de la elección presidencial, Beatriz Gutiérrez Müller adelantó que en caso de que Andrés Manuel López Obrador obtuviera el triunfo en los comicios, ella no ocuparía el cargo de primera dama por considerar que no existen mujeres “de primera y de segunda”.

Posteriormente, ya siendo AMLO presidente electo, la escritora rechazó el cargo de presidenta honoraria del DIF, por lo que dicha institución quedó a cargo del Sector Salud. Y además, agregó que no se desempeñaría al frente de ninguna otra institución pública.

Debo confesar que a mi parecer, la figura de “primera dama” es arcaica, y Gutiérrez Müller tomó una decisión adecuada al rechazar un título que carece de legitimidad democrática.

Sin embargo, la escritora faltó a su promesa de no ocupar cargos en la administración obradorista.

En noviembre pasado —todavía en calidad de presidente electo—, López Obrador anunció que Beatriz Gutiérrez se desempeñaría como titular del Consejo Honorario de la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México, un órgano cuya función consiste en preservar y difundir materiales relativos a la historia nacional, así como “orientar las acciones del Poder Ejecutivo hacia el conocimiento del patrimonio cultural del país”.

Promesas incumplidas aparte, ahora resulta que en su calidad de funcionaria, Gutiérrez Müller participó como columnista invitada en el relanzamiento del semanario Desde la Fe, publicación de la Arquidiócesis Primada de México que —según reconoce en su más reciente editorial— tiene como misión principal la de evangelizar.

Dicho de otro modo, la titular del Consejo Honorario de la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México participó como columnista en el órgano de propaganda de la iglesia católica.

El semanario Desde la Fe se ha caracterizado por asumir una posición retrógrada respecto a causas como el matrimonio igualitario, la adopción homoparental y el aborto. Más aún, ha sido punta lanza en las batallas de la Arquidiócesis en contra de prácticamente todas las políticas de Estado con enfoque progresista respecto a dichos temas.

En septiembre de 2016, el semanario publicó un artículo titulado “No se nace homosexual”. El texto relataba la experiencia de un psicólogo que “padeció” homosexualidad y “pudo librarse de ella”, por lo que ofrecía terapias a personas con atracción “no deseada” por el mismo sexo.

Cuando organizaciones LGBTTTI solicitaron derecho de réplica y fueron apoyadas por el la Conapred y el Copred –su símil en la Ciudad de México– el entonces director del semanario, el sacerdote Hugo Valdemar acusó a las instituciones de represoras, y dejó en claro su rechazo a que el Estado “prohíba la reorientación a la normalidad”. Además, acusó la existencia de una supuesta “dictadura gay” que pretendía el encarcelamiento de los padres que se oponen al “imperio de la ideología de género”.

Ese mismo año, Desde la Fe publicó otro artículo en el que citaba estudios médicos según los cuales “la función del ano es expulsar, no ser penetrado”, supuestamente para demostrar que las relaciones entre hombres son “antinaturales”.

Además, cuando el gobierno de Enrique Peña Nieto intentó impulsar la legalización del matrimonio igualitario, la Arquidiócesis y su publicación convocaron a sus feligreses a participar en las marchas contra la iniciativa organizadas por el ultraderechista Frente Nacional por la Familia.

¿Comparte estos argumentos la titular del Consejo Honorario de la Coordinación Nacional de la Memoria Histórica? ¿Son esos principios los que guían su actuación como funcionaria? ¿Comparte el presidente esa visión de las causas progresistas y del papel del Estado? ¿Estarán plasmados en su “Constitución Moral?

Es pregunta.