Hay algo que siempre educa a los estúpidos, a los idealistas, a los utópicos, a los soñadores, a los crédulos… ¡el terrible y despiadado peso de la realidad!

La realidad es la gran maestra de vida. Se trata de esa maestra que, al llegar el momento adecuado, te dice con singular crudeza: “¡Hasta aquí llegaste, pobre inocente!”…

La realidad no sólo te abre los ojos: también te quema los pies, te mata de inanición, te da cubetazos de agua fría, te quita el sueño, te hace caminar en el desierto.

Al pobre cándido llamado Germán Martínez Cázares le llegó su momento al interior de la Cuarta Transformación: la realidad lo sacudió hasta hacerlo vomitar. ¡Qué pena que a una persona con vasta experiencia política, como él, le haya pasado algo así!

Pero… ¿de verdad Germán llegó a esperar algo distinto de la 4T?

Pobre Germán: si en estos días se pone a revisar todos los videos de YouTube que recogen su “ánimo esperanzado” durante el proceso electoral 2018, seguro terminará mirándose en el espejo de su baño para preguntarse, con amargas lágrimas de reproche: “¿Cómo pudiste ser tan pendejo, Germán?”…

¿Quién, en su sano juicio, le pudo (puede) creer de verdad al populista evangélico que habita en Palacio Nacional? Sí, ya sé: 30 millones de tontos le creyeron. Por algo llegó a la Presidencia de México. La democracia mexicana sólo suma votos, los emita quien los emita.

¿De verdad tantos mexicanos carecen hasta del más elemental sentido del realismo? ¿De verdad?

No se necesita ser mago para saber por qué Germán Martínez renunció a la dirección del IMSS. Sabía que sus sueños guajiros y sus buenas intenciones tenían ya un límite insuperable y cruel: la falta o la insuficiencia de recursos humanos, materiales y financieros para atender las enormes y crecientes necesidades del Instituto; de un Instituto siempre en conflicto con el presupuesto asignado y, ahora también, ahogado por las estúpidas medidas de austeridad del Ganso Cansado.

Obvio, Germán se dijo a sí mismo: hay que abandonar a tiempo el barco, porque se vislumbra naufragio. Tiene vena de abogado corporativo y, por ello, sabe sacar cuentas y hacer cálculos. Lo más elemental: sabe contrastar ingresos y gastos, sabe valorar activos y pasivos. De hecho, su carta de renuncia exhibe claramente su visión pesimista (incluso catastrofista) de las finanzas del IMSS. No es para menos.

Tarde, pero lo comprendió: la saliva demagógica del Ganso Cansado no basta para pagar las facturas pendientes y las facturas por venir del Instituto. Desde la miseria administrativa y desde las restricciones presupuestales caprichosas, no se puede administrar una institución tan compleja como el IMSS.

Pobre Germán, nunca cayó en la cuenta de que la demagogia es mala hoja de ruta para una gestión pública exitosa.

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