Se siente pesadez en el ambiente. Ésta será una de las peores navidades que pasarán los mexicanos en muchos años. ¿Y todo por qué? Porque la llegada del nuevo régimen, el de la mal llamada “Cuarta Transformación”, ha llegado a descomponer el ambiente político, económico y social de México.

México comienza a sentir los estragos de la mala decisión de 30 millones de mexicanos que, ilusa o estúpidamente, confiaron el destino del país en un demagogo populista llamado Andrés Manuel López Obrador.

Ni modo, a veces la democracia es así: sólo 30 millones de votantes decidieron un mal rumbo para 130 millones de personas. Lo peor de esto es que muchos de quienes votaron por AMLO ya se están arrepintiendo. El tipo no lleva ni un mes de la Presidencia de la República y el enojo social ya comenzó a sentirse. Y son muchos los motivos.

Mediante una consulta por demás inválida y espuria, AMLO decidió cancelar el prometedor proyecto del aeropuerto de Texcoco. Y no sólo se perderá el valor de lo ya construido: nos saldrá muy cara, a todos los mexicanos, la recompra de los bonos. AMLO ya tiene, pues, su “FOBAPROA con alas”. ¡Cuánta austeridad!

Además, mientras el nuevo régimen despide a muchos burócratas (SAT, SCT, etc.) por puro capricho, sin ningún estudio previo sobre las capacidades profesionales y técnicas de los mismos, también echa a andar un programa para que chamacos zánganos se preparen para la vida profesional.

AMLO es un político idiota e irresponsable que se deshace con enorme facilidad de burócratas con muchos años acumulados de capital humano, para financiar a jóvenes huevones que esperan que el gobierno les resuelva la vida desde la cuna hasta la tumba.

El nuevo régimen, además, acumula tropezones: a) borrar la “autonomía” de las universidades a las que, además, se les bajó el presupuesto; b) reducir drásticamente el presupuesto a los consulados “por error de dedo”; c) nombrar al frente del FCE a alguien impedido por ley para, luego, forzar un ajuste a la norma; d) comenzar obras para el Tren Maya y la Refinería de Dos Bocas sin los estudios ambientales y financieros pertinentes; e) invadir la soberanía de las entidades federativas con “súper delegados presidenciales”; y un largo etcétera.

Se trata del mismo “nuevo” régimen al que le fascina el show espiritualoide, apelando lo mismo a Jesucristo que a la Madre Tierra, seriamente convencido de que “La religión es el opio de los pueblos” y de que “Al pueblo hay que darle pan y circo”.

En estas circunstancias resulta difícil poder decir “Feliz Navidad”, sobre todo a las familias que, por un capricho del mal llamado “Presidente de la República”, se han quedado de tajo sin su fuente de ingresos… ¡vaya para ellas nuestra solidaridad!

 

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine

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