Desde el sexenio pasado, una de las principales críticas en contra de la reforma educativa de Enrique Peña Nieto es que en realidad no se trata de una reforma en materia educativa, sino laboral.

Dicho argumento –utilizado hasta convertirse en un lugar común– no es del todo equivocado, A través de la evaluación docente, la reforma –vigente desde febrero de 2013– modificó la regulación de los procesos para el ingreso, la permanencia y promoción de los maestros dentro del sistema educativo.

Sin embargo, la reforma careció de contenido en materia pedagógica o curricular hasta la presentación del Modelo Educativo en 2017.

Lo anterior proporcionó a la oposición de aquel entonces, encabezada por Andrés Manuel López Obrador y por su partido Morena el pretexto perfecto para tomar el rechazo a la reforma como bandera política.

Seis años más tarde, siendo López Obrador el presidente y Morena el partido con mayoría en el Congreso, estamos ante el escenario de que sea aprobada otra “mal llamada reforma educativa”.

Y es que si la del peñismo no fue una reforma educativa, sino laboral, la del obradorismo no será una reforma educativa, sino política.

Con su mayoría en el Congreso, Morena propone la eliminación del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). Y además, propone desvincular la evaluación docente de los mecanismos para determinar el ingreso, la permanencia y la promoción de los maestros en el sistema educativo.

Lo anterior tendría como consecuencia el regreso del control político de la educación al sindicalismo charro de Elba Esther Gordillo y la CNTE, dos viejos enemigos que convergen en la “cuarta transformación” por un interés común.

Hay que recordar que para implementar la reforma laboral en materia educativa, Peña Nieto debió encarcelar a la todopoderosa lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo, a quien acusó de desvío de recursos.

Por otro lado, la reforma también afectó la lucrativa práctica de la venta y herencia de plazas que llevaba a cabo la CNTE, sindicato disidente opositor al de Gordillo.

De modo que de cara a las pasadas elecciones presidenciales, tanto Elba Esther como la Coordinadora encontraron en AMLO al aliado ideal.

El apoyo de Gordillo a Morena se hizo patente a través de las Redes Sociales Progresistas encabezadas por el nieto de “La Maestra”, René Fujiwara, así como por su yerno y operador político, Fernando González.

Asimismo, la alianza CNTE-Morena se hizo patente mediante la postulación como candidatos de Morena al Congreso de liderazgos de la CNTE como Irán Santiago, Azael Santiago Chepi, Adela Piña Bernal o Rubén Cayetano García.

De modo que, además de revertir los efectos laborales de la reforma peñista, la propuesta de reforma obradorista tiene como objetivo pagar deudas políticas con Gordillo y la CNTE.

Sin embargo, al igual que la reforma de 2013, la propuesta de AMLO carece de contenido educativo y pedagógico.