Estos últimos meses han sido una verdadera montaña rusa que parece no tener fin. El presidente de la república no deja de hablar, de engañar, de endeudar, de amenazar, de insultar y de desemplear a los mexicanos.

Es nuestra culpa tener incapaces en la cúpula, pues si hacemos memoria, tuvimos a tres candidatos preparados para gobernar: el doctor Meade, el licenciado Anaya y el Ingeniero Rodríguez. Ninguno de ellos, ninguno, nos hubiera destruido a dos meses de gobierno. Cometieron errores, sí, y los hubieran cometido en el poder, como todos lo hacemos en nuestra vida diaria, pero no estaríamos donde nos encontramos ahora, sin rumbo y sin futuro.

El licenciado López duró dieciocho años recorriendo el país rociando veneno en todos los lugares que pisaba. Sembró odio y prometió cosas terroríficas como la amnistía a los criminales, la cancelación del NAICM y la entrega ilimitada de dádivas. Treinta millones de mexicanos votaron por la mentira, por el resentimiento, por la venganza, por la delincuencia y nosotros, una mayoría aplastante, los dejamos ganar. ¿Por qué?

Porque somos una sociedad intolerante y confundida. Porque estamos pasmados, enojados, divididos, adormecidos. Porque no se quiere aceptar que el mexicano se cae gordo, que nosotros solos nos metemos el pie, nos apuñalamos por la espalda. No se quiere aceptar que el amor a la patria, para la mayoría, es subjetivo, efímero, inexistente. Desde siempre, se ha maltratado al moreno, al pobre, al desvalido, al discapacitado, al menos privilegiado, a la mujer, al hombre, a los niños, a los animales. El insulto está a la orden del día. Hemos crecido en un país en donde se acostumbra a regalar el dinero de los contribuyentes a quien, según el Estado, más lo necesita, pero la realidad es que gran parte de ellos, se bebe el dinero, lo gasta en drogas o en mujeres y tiene más hijos para poder recibir la mensualidad prometida.

La ignorancia, la vulgaridad y la incompetencia son las banderas de este gobierno. La semana pasada ardieron las redes sociales con fotografías, verdaderamente inaceptables, del subdirector de CONACYT, quien, después de la presión mediática, acabó renunciando al cargo. La falta de respeto a las instituciones y a la sociedad con el que este gobierno se rige es apabullante, pero ¿cómo pedimos respeto si somos los primeros en insultarnos? ¿Cómo pedimos progreso si permitimos que ganara quien prometió dejarnos sin empleo? ¿Cómo exigimos gente calificada si nosotros no nos preparamos y votamos en contra de quien mostró tener estudios y capacidad?

Hasta que no cambiemos y nos exijamos ser cada día mejores, no lograremos nada. No necesitamos ser amigos ni conocernos en persona, lo que necesitamos es abrir los ojos.

Nosotros somos nuestro monstruo, nuestro demonio, nuestra perdición. Nosotros somos el verdadero tirano de México.

¿Es López nuestro reflejo? Yo creo que sí.