Hay un sentido peyorativo en la familia de palabras asociadas a ideología, más en la perspectiva marxista, como falsa conciencia. Así tenemos una manipulación o distorsión de la realidad cuando se utiliza el lenguaje de manera ideológica.

El discurso presidencial es una muestra específica de esta reformulación lingüística ideológica. Desde que se asumió como politólogo y más aún en las charlas mañaneras de los últimos días, ha ido agregando a sus tradicionales y divertidos refranes y expresiones populares, una serie de conceptos e ideas de un viejo marxismo de la facultad de Ciencias Políticas de la UNAM.

Sociedad civil, intelectuales orgánicos, no sólo pensar la realidad sino transformarla, son algunos conceptos que el presidente ha tomado prestados del pensamiento de Marx y Gramsci, les ha agregado su peculiar interpretación, local, tropical, distorsionando el sentido conceptual original, para señalar y criticar a sus adversarios u opositores. Los ha vuelto conservadores.

Así, mientras el concepto de sociedad civil empleado como mediación entre individuos y grupos sociales ante el gobierno o el Estado, bajo la idea de una actividad productiva, como los artesanos o pescadores, el presidente López usa el concepto de sociedad civil para denostar y confrontar a los grupos organizados de la sociedad, a las organizaciones no gubernamentales y a quienes defienden sus intereses, como grupos conservadores, ajenos a la realidad cotidiana porque se oponen a sus proyectos.

Lo mismo ocurre con el concepto de intelectuales orgánicos, un concepto gramsciano, que el presidente López emplea también contra individuos que se inconforman ante sus planteamientos y estilo de toma de decisiones y están en proceso de articulación como un contrapeso al nuevo gobierno.

Para Gramsci un intelectual es quien ejerce funciones organizativas en sentido amplio, de producción económica, cultura o político administrativo. Así se determina al intelectual orgánico por el lugar y la función que ocupan en el seno de una estructura social o en el conjunto de las relaciones sociales y, la distinción con el intelectual tradicional es de corte metodológico, por el lugar y función que ocupa al interior de un proceso histórico.

En la medida que todos usamos nuestra capacidad cerebral, todos podemos ser considerados como intelectuales, pero no todos ejercen la función del intelectual. De tal forma que, siguiendo a Gramsci, los intelectuales son los empleados del grupo dominante para el ejercicio de las funciones de la hegemonía social y del gobierno político, buscan consenso y disciplina social, dirección, control o dominio en opositores y aliados.

Recientemente ante las críticas que ha recibido el presidente López ha fustigado y atacado abiertamente a quienes piensan, escriben o dicen en medios de comunicación y redes sociales, elementos que contradicen sus dichos, y ante la ausencia de argumentos termina llamándolos intelectuales orgánicos, conservadores, fifís, neoliberales y hasta ternuritas.

Este fenómeno mediático ha permitido conocer al presidente pero no necesariamente a comprender la realidad social que el difunde. Repetir sus obviedades, frases o refranes populares no proporciona argumentos racionales, sino ideología.

En suma, el uso de las palabras, la conciencia de las palabras, muestra de qué está hecho el individuo que las emplea, nos señala su cultura, su formación, su oficio o profesión, sus alcances y límites como persona. El decir junto al hacer y el pensar nos dan un retrato del sujeto en análisis.