En el transcurso de la semana pasada y la presente, se han suscitado una serie de acontecimientos internacionales con profundo impacto para el desarrollo nacional de México, pero sin duda, las amenazas realizadas por el Presidente de EEUU, Donald Trump, demostraron una vez más las pésimas decisiones que se están asumiendo en Palacio Nacional para dirigir el destino de México en los próximos meses y años.  El siglo XXI, está llamado a ser aquel en donde la interacción entre Estados y naciones se da a partir de canales de comunicación eficientes, y que para el caso de nuestro país, comienzan desde una diplomacia de alto nivel de representación, pero también, en un adecuado sistema de cabildeo en naciones estratégicas como lo es EEUU, un eficaz órgano de inteligencia que prevenga situaciones comprometedoras para la Seguridad Nacional, y de igual manera, de hábiles interlocutores que desde sus posiciones de poder político, económico o militar, faciliten el diálogo entre gobiernos con la finalidad de mantener información fluida frente a situaciones complejas como las que vivimos actualmente.

No es fortuita la demanda que realiza la Casa Blanca de dar mayor efectividad a la seguridad fronteriza de México con Centroamérica a razón de los diversos escenarios que han evolucionado en los últimos años y que de manera más reciente están generando una suerte de tormenta perfecta para la definición del liderazgo global.  En primera instancia se encuentra el relevo institucional que habrá de suscitarse en próximas fechas en Gran Bretaña ante el fracaso de las negociaciones que estableció la todavía Primera Ministra Theresa May, para darle curso al proceso del BREXIT frente a la Unión Europea y cuyos resultados aun parecen inciertos ante una cada vez más demandante oposición laborista por frenarlo, mantenerse en el espacio europeo y conservar la fuerza unitaria frente a los retos geopolíticos actuales, en ese sentido, la figura de Boris Johnson, promotor de dicho mecanismo de separación, parece la pieza clave para darle una nueva oportunidad a la pretensión británica de volverse un actor global con peso propio y que defina el balance del poder mundial de nuestros días.

De igual manera, se llevó a cabo la semana pasada, en Singapur la Conferencia de Seguridad Asiática, llamada Reunión de Shangri-La, en la cual  se reunieron especialistas militares y de seguridad internacional para abordar la problemática del terrorismo en el sudeste asiático, a causa de los sucesos acontecidos en Sri Lanka como en Indonesia, pero al mismo tiempo, fue escenario para un interesante discurso por parte del Secretario de Defensa de EEUU, Patrick Shanahan, en el que abordó un tema de vital importancia como lo son las pretensiones de la República Popular de China (RP China) por el control del escenario Indo-Pacífico para sus fines expansionistas tanto político-militares como económicos, so pretexto de mantener sanas relaciones en materia de cooperación internacional, justo cuando las diferencias entre los EEUU y la RP China en materia tecnológica y comercial se acentúan, a lo que se suman los ejercicios navales en la región Indo-Pacífico, entre las Armadas de EEUU, Japón, Corea del Sur y Francia, haciendo presencia por primera vez su portaaviones, el Charles De Gaulle, en dicha región para demostrar a la RP China que EEUU y sus aliados no van a ceder enclaves estratégicos en sus pretensiones de ser un actor hegemónico.  A estos escenarios, se debe de sumar la frágil situación que guarda Venezuela de una especie de paz controlada por el apoyo de la Federación Rusa y de la RP China, que no ha permitido la transición democrática que lidera Juan Guaidó, asunto importante para la certidumbre de la gobernanza de América latina, de igual manera, se debe de considerar la reciente información que emitió el Banco Mundial de un débil crecimiento global para este año de 2.6% y de 2.7% para el próximo año, lo que tendrá serias repercusiones por el aumento de disputas comerciales y las debidas perturbaciones que se irán presentando en la parte financiera como en economías emergentes como la de nuestra nación; de nueva cuenta, la economía global está en un proceso de desaceleración que tendrá impactos aun no estimados y que para ello, en la Reunión del G-20 en Tokio, Japón, se habrán de tomar las debidas medidas para atenuar los impactos que ya se proyectan para las correspondientes economías nacionales y evitar impactos mayores como una recesión internacional que trastoque el propio desarrollo del libre comercio en los próximos años.

Con estas consideraciones, la presencia de México no es menor, tan solo por ser uno de los socios estratégicos de los EEUU, y al mismo tiempo, ser parte de las 20 naciones más importantes del mundo; pero tal vez más, por la expectativa en torno al  cambio de régimen político y cuyos efectos, cada vez más, son cuestionados por diversos analistas nacionales y extranjeros sobre la falta de efectividad y de congruencia con las acciones propias de la globalización. De ahí que las sanciones en materia de aranceles que comenzaran a partir del 10 de junio de este año no son una mera ocurrencia por parte de la Casa Blanca, son un símbolo de los intereses geoestratégicos de los EEUU, de que su frontera sur esté bajo control, sin generar una preocupación mayor frente a las dificultades que tiene nuestro principal socio económico por la definición del nuevo orden internacional del cual apenas estamos viendo los primeros rounds de sombra. De ahí la importancia del actor llamado México y cuyo liderazgo institucional no desea entender las graves implicaciones de no contar con un país y unas fronteras en paz y en control.  Las acciones de Estado se resuelven con Estadistas dialogando con Estadistas, no con cartas de medias verdades y medias mentiras.