A nadie debiera sorprender que comunidades completas –en distintas regiones del país–, viven del robo, sea de energía eléctrica, sea de gasolina y/o el robo que significa el “cobro de piso”, entre otras modalidades criminales.

Y tampoco es nuevo que políticos de distintos signos, por años, han medrado y estimulado la ilegalidad y el robo, como una de las más exitosas modalidades de renta política.

Paradójicamente, uno de los políticos que más estimuló el robo, hoy es Presidente de los mexicanos y vive su peor crisis en 50 días de gobierno, gracias a una tragedia provocada por el robo de combustible.

Y también producto de una macabra paradoja, vecinos de Tlahuelilpan han confirmado que entra las víctimas del estallido del pasado viernes aparecen militantes y servidores públicos de Morena, lo cual ratifica que en el partido rojo se considera, como normal, ser parte de las bandas que lo mismo roban energía eléctrica que gasolina.

Sin embargo, para entender el fenómeno a cabalidad, debemos regresar a los últimos 20 años, al estado de Tabasco, en donde un político rupestre que aspiró a gobernar esa entidad, introdujo uno de los mayores saqueos al dinero público, en la historia.

Como saben, resulta que a manera de protesta, el Andrés Manuel López Obrador de aquellos años propuso a distintas comunidades de Tabasco que no pagaran la energía eléctrica.

Obedientes, los seguidores de Obrador, no pagaron por más de dos décadas y a costillas del dinero de todos los mexicanos, “se robaron la luz”.

Peor aún, en la más reciente candidatura presidencial, Obrador prometió a los ladrones de energía eléctrica de Tabasco que –una vez que lo hicieran presidente–, propondría “borrón y cuenta nueva”. Es decir, solapar el robo y brindar impunidad.

Y lo cumplió.

También durante años –a lo largo de su periplo como aspirante presidencial–, repitió hasta la náusea que los ciudadanos tienen el derecho de “agarrar todo lo que les den”, además de que defendió abiertamente a los ladrones de carros de ferrocarril –a sabiendas de que se trata de mafias del crimen organizado–, que deliberadamente descarrillan trenes de carga para asaltarlos.

Pero no ha sido todo. También en los previos a la campaña presidencial de 2018, López Obrador defendió abiertamente a loa ladrones de combustible y crucificó a los marinos y militares que los enfrentaban, con el argumento de que los uniformados “matan a sus hermanos” que cometen esos actos por necesidad.

Hay más. En no pocas ocasiones los opositores de Morena –en distintas entidades del país–, denunciaron la abierta complicidad de Morena y de sus dirigencias estatales con los grupos criminales que roban gasolina.

Ni Morena ni su dueño han dicho nada, a pesar de claras evidencias.

Hoy, a manera de control de daños, el Presidente Obrador anuncia que recorrerá las zonas de mayor conflicto en el robo de combustible, para pedirle a los ciudadanos “que se porten bien” y que “no hagan la travesura” de robar gasolina.

Es decir, el político que se beneficio del robo de energía, que promovió el robo de energía, que solapó a los ladrones de combustible, hoy es víctima del Frankenstein que creó.

Se los dije.