El presidente López Obrador les dijo a los empresarios que no tiraría el NAIM y no cumplió. Les dijo que podían invertir en el NAIM y solos sacar el proyecto y no cumplió. Dijo que se canceló el proyecto del nuevo aeropuerto porque era un nido de ratas y no hay una sola demanda por corrupción; no cumplió.

Prometió que bajaría el precio de la gasolina, del gas y la energía eléctrica y no cumplió. Dijo que al llegar al poder bajaría la violencia criminal y hoy existe el nivel más alto de muertes violentas de la historia mexicana; no cumplió su palabra.

Es larga la lista de ejemplos de que el presidente mexicano no tiene palabra, no cumple lo que promete.

Y el ejemplo más reciente de que no cumple su palabra se produjo hace pocas horas cuando el presidente presentó a los mandos de la llamada Guardia Nacional.

¿Y qué creen?

López Obrador no cumplió con la promesa de que la Guardia Nacional no tendría mandos militares.

Y es que tanto el presidente como senadores y diputados de Morena se habían comprometido a que el nuevo cuerpo de seguridad, la llamada Guardia Nacional, no tendría mando militar.

¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué en un tema de tal trascendencia el presidente no cumple su palabra? ¿Por qué los partidos políticos, intelectuales e investigadores ya no dicen nada, no exigen respeto a la ley y no reclaman una explicación?

Las únicas voces de la sociedad civil que hablan del tema –los únicos reclamos–, salen tibios de uno de los sindicatos empresariales.

Manuel Hernández, de la Coparmex, dijo: “Estamos un poco sorprendidos porque en toda la comunicación previa que habían hecho pues hablaban de un mando civil (…) y de alguna manera el presidente incumple con esa promesa”.

Es decir, según la Confederación Patronal, el presidente no tiene palabra y no cumple lo que promete.

Sin embargo, la propia Coparmex suaviza su crítica y dice que, más allá de si el mando es civil o militar, “el principal objetivo es que se pueda abatir la inseguridad que nos atormenta a todo el país”.

Y es que el presidente Obrador y el titular de Seguridad, Alfonso Durazo, habían presentado –la mañana de ayer–, al general de brigada diplomado de Estado Mayor, Luis Rodríguez Bucio –en proceso de retiro–, como “mando” de la Guardia Nacional.

En pocas palabras, todas las promesas de una Guardia Nacional encabezada por civiles quedaron en engaño a los ciudadanos. Y, en los hechos, asistimos a la militarización del país, le guste o no reconocerlo al gobierno de AMLO.

Y es que el presidente y su gobierno incumplen no sólo la palabra empeñada sino la ley, la misma que el propio presidente, sus diputados y senadores juraron respetar y hacer respetar.

Y frente a esa violación legal nada dicen los partidos opositores, y menos contrapesos como el Congreso y la Corte; parece que a nadie importa que el presidente no cumpla ya no con la palabra sino con la ley.

Sin embargo, el problema es mayor si nos atenemos al informe emitido por el Fondo Monetario Internacional sobre el nuevo gobierno mexicano y su expectativa de crecimiento para 2019 y 2020.

Dice el FMI que la reducción de la expectativa de crecimiento se debe a la incertidumbre que provoca el nuevo gobierno –el de AMLO–, entre los inversionistas y el temor por el riesgo de esa inversión.

Y si el presidente Obrador amenaza todos los días con algunas modalidades de privatización –como en el caso de la gasolina–, o de cancelar proyectos en marcha, como el NAIM, lo único que consigue es hacer crecer la incertidumbre, la que se cataliza con las mentiras y las contradicciones.

¿Quién será capaz de explicarle al presidente sobre el riesgo de no cumplir la palabra?

Se los dije.