Si usted tiene la curiosidad de revisar los discursos de Andrés Manuel López Obrador durante la campaña electoral de 2018, se podrá dar cuenta de la infinidad de compromisos que asumió. Los principales se referían al combate a la corrupción que «destruye al país y que es encabezada por los grandes empresarios traficantes de influencias», decía el candidato de morena.   «Desde el primer día que gobierne, combatiré a la mafia del poder que según es la causante de los grandes males que tiene postrado al País».

En 2010, López Obrador publica un libro: «La mafia que se adueñó de México…y del 2012» (Grijalbo, México), y en el cual daba a conocer los nombres de los personajes «que habían causado tantos daños a la gente y al País hasta situarlo en la ruina». Con la asesoría de Jesús Ramírez, desde ese tiempo periodista de La Jornada, López Obrador afirmaba «que, desde Salinas, y después con Zedillo, Fox, Calderón, Peña Nieto, el gobierno solo era un administrador de los intereses de la mafia en el poder». Esta frase no es de Ramírez, ni de algún otro de los directivos de este periódico, sino de Carlos Marx, que, en el manifiesto de los comunistas, publicado en 1848, escribía que, «el gobierno en los países capitalistas no es más que un comité de administración de los intereses de la burguesía».

Y ciertamente, eso eran los gobiernos en muchos países europeos durante los años finales del siglo XIX, y lo eran muchos de los gobiernos, en buena parte del mundo en el siglo XX, incluyendo al México.

Pues bien, el comité que en México,  «alquilaba los servicios de los gobiernos priistas y panistas», se integraba, a su decir,  de los siguientes personajes: Carlos Slim, Ricardo Salinas Pliego, Emilio Azcárraga, Roberto Hernández, Alfredo Harp Helú, Carlos Peralta, German Larrea, Alberto Bailleres, Claudio X González, Olegario Vázquez Raña,  todos grandes y poderosos empresarios, y los cuales, reiterara Andrés Manuel, servían «achichincles» como Elba Esther Gordillo, Esteban Moctezuma Barragán , Manuel Bartlett, Manuel Camacho, Marcelo Ebrard, etcétera, etcétera.

Terminar con el poder de la mafia del poder y «someterlos a la justicia» se convirtió en su divisa durante más de 20 años. Muchas personas, especialmente en el PRD, compartimos el propósito de combatir la corrupción y terminar con el gobierno como un simple administrador de los intereses de cualquier mafia. Así es como gana el gobierno, y desde diciembre del 2018, ya como el presidente de la Republica, se convierte, en una rara conversión, nada menos, que en «en el CEO del comité que en México administra los intereses de la mafia del poder.

El gobierno de López Obrador reparte dadivas a los más pobres (igual que lo hacía Salinas de Gortari) y crea programas clientelares como lo hizo el PRI durante décadas, pero se rodea de aquellos empresarios a quienes, durante décadas, calificaba «como el cáncer que carcome al país». A esos mismos, ahora los tiene de asesores, y son los principales beneficiarios de los jugosos contratos gubernamentales.

Salinas Pliego, de TV Azteca, Bernardo Gómez de Televisa, Olegario Vázquez, de Imagen, Carlos Hank, de Banorte, Miguel Alemán, Rincón Arredondo de Scribe, son su consejo asesor, a quienes les ha entregado una buena parte de la obra pública, y a quienes les ha «perdonado los crímenes que cometieron en contra de la gente», como los señalaba con su dedo flamígero.

El gobierno de López Obrador es el comité que administra y cuida los intereses de la mafia del poder.