Los vencedores escriben la historia e imponen su voluntad, los perdedores poseen la verdad”. Es así como se escribe la historia de la Guardia Nacional (GN) que representa el proyecto ganador de la mano de aspiraciones presidenciales hacia una institución ideal, capaz de atender las necesidades de seguridad en la población. Mientras que la Policía Federal (PF) encarna un modelo “quebrantado”’, que carece de liderazgo moral, en donde es visible que la influencia política, los “club de amigos”, demeritó el servicio civil de carrera al proporcionar puestos de alta dirección a personajes con intereses mezquinos, supeditados a inercias partidistas.

En este orden de ideas subrayo: ¿Si desaparece PF y nos reinventamos con políticas de gobierno y no de Estado como cada sexenio al instaurar la GN, se proporcionará el efecto de seguridad deseado? Advierto que resulta un desafío mayúsculo intentar convertir a los policías en militares y a los militares en policías.

No pretendo adoptar un pesimismo sostenido, al contrario, procuro apoyar el plan de nación para pacificar el país, está implícito el acto de fe en este nuevo comenzar en un escenario con recursos económicos limitados. Sin embargo, planteo la siguiente interrogante: ¿La GN será el esquema de seguridad que requieren los mexicanos para mantener la paz? Espero que sí, pero se trata de un hecho histórico.

En la retórica política del discurso positivo impera el exitoso nacimiento de la GN, con pretensiones de ser la institución anticorrupción con procedimientos sistemáticos operacionales depurados, que garanticen la actuación profesional de elementos policiacos con una ideología de respeto a los derechos humanos.

Las Fuerzas Armadas contribuyen de manera ejemplar al mantenimiento de la paz, obedecen instrucciones del alto mando al participar en acciones de seguridad pública y serán con base a su doctrina, sacrificio y ética de ayuda momentánea antes que el desgaste natural por acciones jurídicas y situaciones políticas adversas empiecen por abrumar la moral. Entonces la GN desde luego que influirá, pero no será determinante para lograr el ansiado estado de Derecho.

Comparto hoy la idea que las policías de los tres niveles de gobierno no están a la altura para frenar a la delincuencia en sus diversas modalidades, pero es prioritario redoblar esfuerzos para invertir, capacitar y dotar a las instituciones de mecanismos y estrategias que proporcionen los resultados esperados.

En este instrumento de nación es obligatorio el fortalecimiento de la transparencia, rendición de cuentas y aplicación de la ley, para contar con servidores públicos acreditados en experiencia y superiores perfiles académicos, de profunda vocación y liderazgo, para evitar que prolifere el nepotismo y los compadrazgos. ¿Tendremos estas consideraciones desde la concepción de la GN? O habrá que esperar una continua depuración, evolución y consolidación de ensayo y error a través de los años.

El presidente de México de manera acertada mencionó, “no podemos tener políticos ricos con pueblo pobre”. En el mismo sentido la razón nos invita a pensar “no lograremos una GN anticorrupción con un pueblo pobre culturalmente”, con ciudadanos que soslayan la ética y las buenas costumbres, que no respetan las leyes y generan en acciones actos deshonestos.

Confió en la existencia de la nueva administración para asumir el costo político con un cambio radical de ideología social de largo alcance que proporcionará el pensamiento diferente para un futuro excelente y el mantenimiento de la paz.

Concluyo que el verdadero cambio está en el respeto y cumplimiento social de los principios constitucionales y desempeño en la esfera de responsabilidades civiles que empodere a una ciudadanía que se conduzca en un ejercicio de buenas prácticas y genere el ejemplo multiplicador capaz de trasformar y consolidar el ansiado Estado de Derecho.