Suelo guardar los artículos o pensamientos que me parecen interesantes o dignos de reflexión. Hace algún tiempo guardé un tuit de Andrew Stroehlein (@astroehlein) Dice así: 

The road to authoritarianism:  (El camino al autoritarismo:)

1) degrade free media; 1.- Degrade a la prensa libre (esto sería algo así como llamarla fake news o fifí)

2) neuter civil society;  2.- Neutralice a la sociedad civil (quitarles el apoyo y acusarlas de corrupción e incompetencia sería un buen camino)

3) undermine rule of law; 3. Socave el estado de derecho (Leyes a modo, consultas fuera de la ley, por ejemplo)

And do all this “for the people” Y todo esto “por el bien del pueblo”

El autoritarismo es un modo de ejercer el poder imponiendo la propia voluntad. La importancia de la prensa libre, el estado de derecho y la sociedad civil en una democracia son incuestionables por eso los autócratas los detestan. Las respuestas al comentario de Stroehlein son diversos pero muchos muy interesantes. En uno de ellos, el propio Stroehlelin cita un artículo de Ruth Ben-Ghiat en CNN el 17 de enero 2017, poco días antes de que el presidente Trump asumiera la presidencia, sobre qué esperar de su gestión y determina que en pocos días Estados Unidos transitará por el camino del autoritarismo. Y dice:

“Muchos americanos estaban confundidos inicialmente por la conducta poco ortodoxa de Trump, o lo tomaron como un chiste. He pasado décadas estudiando regímenes fascistas y autoritarios y veo en Trump una figura muy familiar: el hombre fuerte que cultiva una vínculo con sus seguidores basado en la lealtad a su persona más que a un partido o a un conjunto de principios. Tales individuos invariablemente buscan adaptar el cargo que desempeñan para satisfacer sus necesidades. Son claros desde el principio acerca de esta intención y se niegan a someterse a normas y costumbres compartidas, tales como la publicación de su declaración de impuestos, lo que implicaría que se someterían a la voluntad de la clase política. Cualquiera que piense que Trump se transformará en algo parecido a un político tradicional quedará profundamente decepcionado. Los autoritarios nunca cambian”.

El tiempo ha dado la razón a las palabras de Ruth Ben Ghiat. El presidente Trump no es un político convencional. Miente con frecuencia, sigue sobajando a la prensa y pone a temblar al mundo con su cuenta de Twitter en donde juzga y condena sin pruebas. Afortunadamente, los contrapesos al poder en ese país han funcionado y no ha podido cumplir todos sus caprichos. Veremos si ahora el congreso logra poner un freno a sus excesos.

Como dice el refrán: Te lo digo Juan, para que lo entiendas Pedro.

Buen miércoles a todos.

Espero tus comentarios en mi cuenta de Twitter: @FernandaT