NO. No quiero. No puedo. No me gusta. No. Dos simples letras que algunas veces parecen imposibles de decir. Incapaces de pronunciarlas, terminamos haciendo lo que no queremos, no podemos o no nos gustan. ¿Por qué resulta tan difícil decir que no? Hay varias explicaciones. Muchas veces el miedo al rechazo o a lastimar a la otra persona, nos impide negarnos a hacer algo que no deseamos o no que tenemos tiempo. Otras veces, nuestra necesidad de agradar a otros y no ser considerados egoístas, nos lleva a llenar nuestra agenda de actividades que no podíamos o debíamos hacer y a anteponer las expectativas o deseos de otros, antes que los nuestros.

Nuestro miedo a la negativa nos lleva a estar en un evento al que no queríamos asistir (desde luego de pésimo humor), tomando el café con alguien que no queríamos o gastando un dinero que no tenemos. Muchas veces nos arrepentimos de no haber dicho un simple “no” y terminamos cancelando a último minuto, con lo que quedamos como unos auténticos maleducados.

En nuestro país, “no” es una palabra difícil de decir, pero también es difícil de escuchar. Cuando finalmente alguien nos dice “no puedo” tal o cual cosa, en vez de respetar la decisión, le damos mil opciones. “¿Cómo que no vienes a la casa por que están tus tíos de Ucrania que no hablan español? No importa, tráetelos, aquí a señas nos entendemos”. ¿Cómo negarse ante tanta amabilidad? Así terminamos llevando a los tíos recién llegados, cansados del largo viaje, y que de pilón no hablan palabra de español, a una reunión donde no conocen a nadie.

Si tu vida es un caos, es momento de revisar las causas. Probablemente no estés utilizando la palabra “no” con la frecuencia que deberías. Cuando no aprendemos a poner límites y decir que no, corremos el peligro de que nuestra vida esté tan llena de los pedidos y demandas de otras personas, sin que podamos hacer algo que verdaderamente sea importante para nosotros.

¿Cómo negarse a las peticiones de la familia sin sentirse culpable? Aprendiendo a negociar. Si tu hijo quiere ir a jugar al parque el día que estas agotada, puedes decir hoy no (sin culpas) y comprometerte a ir al parque otro día.  En el tema económico, la falta de negativa puede ponernos en aprietos. A veces parece tan complicado decir: no tengo dinero para tal o cual cosa que acabamos endeudados con gastos que ni siquiera valieron la pena o no eran los que necesitabas o querías hacer.

Cuando logramos centrarnos, entender qué es lo que queremos hacer, buscamos conciliar nuestros deseos con los de los demás y aprendemos a poner límites y decir que no, empezamos un paso a una vida más feliz y a sentirnos más libres. Intentemos dar prioridad a lo que es verdaderamente importante para nosotros el día de hoy.

Buen miércoles a todos.

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