A poco más de dos meses de asumir la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador parece tener al «enemigo en casa». No es poca cosa, puesto que la falta de comunicación o el «teléfono descompuesto» han jugado un papel relevante e innecesario en el gobierno de la Cuarta Transformación.

Este miércoles, el diario Reforma publicó en sus páginas que la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, «omitió» hacer público en su declaración patrimonial poseer un lujoso penthouse en Houston, Texas, junto a su esposo. Lo que la propia ministra en retiro admitió horas después y aseguró que es resultado del esfuerzo de 100 años de trabajo –sumados entre su cónyuge y ella misma–.

En conferencia de prensa, en la que acompañó a AMLO, la funcionaria recordó que el 30 de enero giró un oficio al titular de la Dirección General de Responsabilidades y Situación Patrimonial, de la Función Pública, Fernando Martínez García, en el que pidió hacer públicos dichos datos relativos a los datos patrimoniales y de intereses. Ambas dependencias actuaron correctamente. Solamente hubo una confusión entre los involucrados.

Sin embargo, una vez más, nadie asesoró al primer mandatario e incurrió en la incontinencia verbal que lo caracteriza.  Aprovechó el artículo publicado para arremeter de nuevo contra lo que él llama «prensa fifí» o conservadora.

FOTO: VICTORIA VALTIERRA /CUARTOSCURO.COM

«Tenemos que dar respuesta a todos los cuestionamientos, aunque vengan del conservadurismo«, dijo el presidente y arguyó que a Carlos Salinas de Gortari no lo tocaban ni «con el pétalo de una rosa». Argumento que cayó en lo ridículo y hasta en el argot de «patadas de ahogado».

El oriundo de Macuspana, Tabasco tiene serios problemas en cuanto a comunicación. El primero en la lista y quien debería orientarlo todas las mañanas de aquí a casi seis años es Jesús Ramírez, el vocero presidencial; sin embargo, parece que poco le importa cómo quede el señor presidente, vaya, no hace su trabajo y no coordina con ninguno de su equipo o Gabinete antes de hacer cualquiera de sus declaraciones –ya sea por parte de AMLO o alguno de sus funcionarios–.

¿El enemigo está en casa?

  • El desabasto de gasolina, que continúa por cierto en la zona del Bajío de nuestro país, fue por la «intrépida» y aventurada guerra contra el robo de combustible que emprendió el gobierno federal. Tlahuelilpan, en Hidalgo el caso emblemático y más lamentable en lo que va del sexenio. Suman 128 muertos.
  • La CNTE, de aliada a un «dolor de cabeza» para López Obrador; por lo menos esa ha sido la cuestión desde el pasado 7 de enero, día en el que la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación en Michoacán, a través de la Sección 18 decidieron no dar clases, para posteriormente armar sendo bloqueo a las vías férreas de la entidad. Un problema a nivel nacional que derivó en pérdidas multimillonarias en productos perecederos, autopartes, acero, combustible y alimentos.
  • López Obrador, a pesar de las pifias, mantiene en su séquito a personas indeseables como la titular de Energía, Rocío Nahle; y ni qué decir de Octavio Romero, actual director de Pemex con carrera trunca y apostado en el lugar en el que está por mero «milagro del mesías tropical».
  • Y hablando de pifias, se encuentra el Secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, sí, ese que asegura que «Conagua el lago de Texcoco, pero sería sin agua»… El octagenario ha metido no una sino varias veces en problemas a López Obrador. La última fue la contradicción al presidente cuando éste aseguró en conferencia matutuina que habían encontrado ductos en terrenos de Texcoco, a lo que Jiménez Espriú aclaró después y contestó con un rotundo «no es cierto».
  • Y como que no quiere la cosa, la relación entre Andrés Manuel y Olga Sánchez no volvió a ser la misma luego de que el Ejecutivo Federal enviara a la titular de la Segob como «carne de cañón» a los funerales de Martha Érika Alonso y Rafael Moreno Valle, en Puebla. Tuvo que aguantar los abucheos y los coros de «¡asesinos!»; mientras el de Macuspana esperaba, quizá, en algún lugar tranquilo de su casa en Tlalpan o en Palacio Nacional, pasando un mal momento sin duda, pero en la comodidad lejana.

Por eso cabe hacer mención de «alguien» que está dejando pasar calamidades al gobierno de la Cuarta Transformación y al propio López Obrador, pero la pregunta es: ¿quién o quiénes? O de plano estamos viviendo una administración totalmente desorganizada, pero bien dicen los que saben: en política no hay casualidades…

MO