Durante años, muchas voces advirtieron sobre el peligro que significaba para México un gobierno populista y un presidente mesiánico como Andrés Manuel López Obrador.

Pocos hicieron caso y muchos se negaron a creer las razones, casi siempre contundentes, de que López –como ya le dicen en tono de enojo–, no entiende nada del complejo arte del gobierno.

Y, a sólo 20 días de iniciado el gobierno de López, son miles los desencantados, sobre todo porque la pérdida de su empleo fue el balde de agua fría que los sacó del sueño “engañabobos” que los había atrapado.

El primer golpe fue contra los casi 60 mil trabajadores que tenían el mejor de los empleos en la construcción del aeropuerto.

A esos se sumó buena parte de la comunidad de Texcoco, muchos de cuyos habitantes ya habían invertido todo su patrimonio en la compra, remodelación y acondicionamiento de terrenos, casas, bodegas y hasta viviendas aledañas al aeropuerto. Aquello era casi casi un edén. Y de un día para otro se acabó.

El segundo golpe fue para millones de servidores públicos que –con la absurda Ley de Remuneración–, debieron ver reducidos no sólo sus salarios, sino su expectativa de vida.

Con un salario inferior y el mismo tren de vida –escuelas privadas, hipotecas y deudas–, vieron lo más parecido a la muerte.

Luego vino el despido privado en medios –por la caída de la publicidad oficial–, y entonces todos los medios hicieron limpia general. Casi 400 despedidos en Milenio, un número similar en Grupo Imagen y Excélsior, casi 300 en El Universal, otros cientos en Televisa, Televisión Azteca y… qué decir de las pequeñas empresas de medios.

Siguieron los bancos, a los que dejo sin ingresos la caída del aeropuerto y el retiro de grandes inversiones. Se calcula en 5 mil las plazas perdidas en general.

Luego el golpe llegó a las empresas que cotizan en la Bolsa, cuyas pérdidas se trasladaron a la nómina. A menor ingreso, mayor el número de despidos.

Hace días Nissan despidió a 600 empleados y el resto de armadoras de coches hicieron lo propio. Otros miles.

De pronto el pujante mercado nacional de autos se desplomó y, con ello, vino la regla elemental, el despido.

Ayer fue un escándalo en todas las oficinas del SAT en todo el país. Miles de desempleados, a los que se les avisó que llegarían a la navidad sin empleo. La crueldad sin más, en un gobierno que pregona superioridad moral y pureza intelectual.

Y mientras que los hijos del Presidente Obrador disfrutan de palcos VIP en los mejores espectáculos de México y el mundo, periodistas, conductores, artistas… del Instituto Mexicano de la Radio IMER y de otras instituciones de cultura, anuncian su renuncia o su despido.

Se los dije, López Obrador es un peligro para México y para los empleos de millones.

¿Cuántos de los millones que han perdido su empleo votaron por AMLO? ¿Habrán entendido la lección y habrán visto la traición de AMLO?  

Se los dije.