Desde finales de la gestión de Enrique Peña Nieto, en México se agravó el problema de la migración ilegal. La Caravana Migrante supuso flujos inusuales de centroamericanos hacia México, sobre todo de salvadoreños, hondureños y guatemaltecos.

El Estado Mexicano se mostró incapaz de controlar su frontera sur y, claro está, el gobierno pasado (EPN) y el gobierno actual (AMLO) pretextaron motivos “humanitarios” para justificar su evidente incompetencia en relación con el control fronterizo.

En la teoría contemporánea del Estado occidental (Jellinek, Heller, Weber y Kelsen), un Estado es una comunidad política que se asienta de forma exclusiva en un territorio, al tiempo que se rige por leyes e instituciones gubernamentales comunes.

Obvio es que cada Estado debe hacerse cargo de las necesidades y de las demandas de su población: cada nación, su población. Ser ciudadano de un Estado equivale a tener una “membresía” dentro de un club político. Se paga esta “membresía” a través de los impuestos y, por ello, todo ciudadano tiene derecho a exigirles a sus autoridades públicas la atención a sus reclamos, siempre en el marco de un contrato social (Constitución).

Por supuesto, el humanismo también cuenta: entre Estados nacionales también se vale la ayuda. Cuando un Estado nacional está pasando malos momentos, otros Estados pueden ayudarlo. Es parte sustancial del Derecho Internacional… ¡pero cuidado!

Una cosa es ser un “Estado amigo” y otra cosa es ser un “Estado pendejo”… ¡y México, bajo la batuta de López Obrador, se está pasando de pendejo!

Por la mala gestión de AMLO y de su Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, México se está convirtiendo en el recipiente de miles de migrantes de varias nacionalidades que están abusando de nuestra hospitalidad. ¡Bienvenidos todos los extranjeros que cumplan nuestras leyes!

¿Pero por qué el gobierno de AMLO no actúa con firmeza, y con base en la ley, en contra de los extranjeros que pisan territorio nacional y, al mismo tiempo, pisotean nuestras leyes y agreden a nuestros connacionales? Ya son varios los casos que la prensa ha hecho de nuestro conocimiento. El más reciente es el de los migrantes africanos que vandalizaron la Estación Migratoria Siglo XXI en la ciudad de Tapachula, Chiapas. Se trata de extranjeros que usaron la violencia para exigir ser atendidos por Instituto Nacional de Migración, que depende de la SEGOB.

Debemos sentirnos orgullosos de México, por ser un país receptor de extranjeros en situaciones calamitosas (p.e. exilio español, perseguidos políticos por las dictaduras del Cono Sur, etc.), pero debemos reprobar que la mala gestión de López Obrador y Sánchez Cordero se conjunte con el ánimo agresivo de extranjeros abusivos.

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine

Twitter: @BanosLemoine