Esta semana, en el Senado de la República, se llevó a cabo un foro sobre la regulación de la marihuana, especialmente para fines medicinales. Un foro más de los ya muchos que se han realizado en México desde hace varios lustros. Uno más, igual de aburrido y repetitivo que otros. Pura pérdida de tiempo.

¡Cómo nos encanta, en este país, darle vueltas a la tortilla, hasta que ésta se quema y se carboniza! Mucha palabrería vana e inútil, cuando lo que urge es pasar a una reforma profunda y radical en materia de drogas.

La cosa es muy sencilla: hay que legalizar absolutamente todas las drogas. Para quienes partimos del liberalismo, del libertarismo, del anarquismo de libre mercado, la cosa es sumamente sencilla. Veamos.

Las drogas son mercancías que, debido a su impacto en el sistema nervioso central, generan estados de placidez, relajación, euforia o concentración. Por eso mucha gente recurre a ellas, por eso mucha gente las consume: desde el alcohol, el tabaco y el café, que son drogas legales, hasta la cocaína, la heroína, el éxtasis y el crack, que suelen ser drogas “fuera de la ley”.

Por supuesto que las drogas también pueden causar daño a la salud de los consumidores. Todo dependerá de la cantidad, la calidad y la regularidad relativas a los hábitos de consumo. Pero todo depende, en última instancia, de la voluntad de los consumidores, quienes deberán decidir, primero, si las consumen o no las consumen, y, si deciden consumirlas, en qué cantidad, cada cuándo y con qué calidad.

Todas las drogas deben ser legales y cada consumidor debe asumir las consecuencias de sus hábitos de consumo: los abstemios y los consumidores racionales y moderados no tendrán problema alguno, mientras que los consumidores inmoderados seguramente generarán varias patologías físicas y mentales.

El gobierno mexicano no debe prohibir que los ciudadanos produzcan, comercien o consuman drogas, si así les apetece. Lo que debe hacer es regular la producción, la venta y el consumo de las drogas para que los efectos negativos inherentes al consumo inmoderado no caigan sobre los hombros de toda la población, sino sólo sobre quienes consumen drogas de forma irresponsable.

Los liberales defendemos mucho el principio de “individualización de los costos”: cada quien debe pagar sus propias facturas… ¡punto! Todos los costos dentro del mercado de las drogas deben ser cubiertos por quienes participen en éste, según su tipo de actividad, y así, por ejemplo, ninguna institución pública deberá atender los problemas de salud derivados de un inmoderado consumo de drogas.

¿Los menores? Bueno, éstos deben ser protegidos, custodiados y cuidados por sus padres, madres y/o tutores hasta que tengan edad suficiente para decidir por ellos mismos. Las omisiones en el deber de cuidado, obvio es, deberán ser sancionadas penalmente. Simple.

Todo esto es tan simple, pero en México hasta el sentido común se nos escapa de las manos.

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine

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