La imagen –en video–, resultó impactante.

Por eso, rápidamente se convirtió en tendencia en redes y en “manjar” para los malquerientes del presidente Obrador.

En el video aparece el momento en que una reportera formula un par de preguntas concretas al presidente –una de ellas sobre la postura de Obama y el populismo de Trump–, a lo que Obrador responde socarrón y con una risa burlona, que bateará la respuesta.

Luego, olvida la investidura presidencial y –siempre burlón–, habla de su potente bateo, del béisbol, de que ya no tiene tiempo de practicarlo… y se escabulle para no responder.

El grotesco espectáculo sirvió, incluso, para que no pocos usuarios de redes hablaran de un eventual desequilibrio emocional del presidente, mientras que otros ratificaron que “las mañaneras” de Obrador son un circo degradante de la figura presidencial.

Lo que nadie sabe, sin embargo, es de qué se ríe el presidente.   

Por eso, recurrimos al clásico de la prensa mexicana y del mundo; la pregunta que incomoda a casi todos los mandatarios: “¿De qué se ríe, presidente?”.

Y es que parece que cuando el presidente evade de esa manera las preguntas serias –y que atañen a su investidura–, se está mofando de los periodistas a los que les toma el pelo con sus evasivas.

Pero no, en realidad Obrador se burla de los ciudadanos todos, de quienes lo votaron como presidente y de aquellos a quienes representa en tanto mandatario, jefe de gobierno y jefe del Estado.

Se burla de todos los mexicanos –y no de los periodistas–, cuando todos los días violenta la Constitución, la misma que juró respetar y hacer respetar; la que violenta en casos como la imposición de un mando militar para la Guardia Nacional, lo que prohíbe la Carta Magna.

Se burla de todos los mandantes –de los ciudadanos todos–, cuando amenaza con seguir los pasos del extinto dictador de Venezuela, Hugo Chávez, al pretender cooptar y destruir al máximo tribunal del país; la Suprema Corte, con lo que terminará por aplastar la división de poderes.

Se burla de las instituciones, de la democracia y de los ciudadanos cuando insiste en la incluir en la Carta Magna la “revocación de mandato”, que no es otra cosa que la destrucción del postulado fundamental de la Constitución de “no reelección” presidencial.  

Se burla de los ciudadanos todos y de los poderes Ejecutivo y Legislativo cuando a pesar del rechazo expreso del Senado, impone a sus incondicionales en la Comisión Reguladora de Energía; cuando se empeña en la destrucción del medio ambiente con su fallido proyecto del Tren Maya.

Se burla de los ciudadanos cuando luego de imponer a un inepto en la CFE, como Manuel Bartlett, lo mantiene en el cargo a pesar de que por su ineptitud dejó sin energía eléctrica a tres entidades del país; a toda la Península de Yucatán, con pérdidas millonarias al turismo.

Se burla de los gobernantes de todo el país al orquestar abucheos contra gobernadores opositores, el más reciente el de Michoacán, a quien incluso le organizó una costosa movilización de la CNTE.

Se burla de la ley y de la niñez mexicana cuando solapa las pillerías de la mafia llamada CNTE; la misma que deja a millones de niños sin educación; la misma que organiza y llevó a cabo un golpe de Estado contra el Congreso, al que impidió trabajar; la misma que quiere leyes a modo para mantener vigente su mafioso poder.

Muchos creen, de manera errónea, que el presidente Obrador se ríe de los periodistas, todos los días, en “las mañaneras”. Pero no, en realidad se burla de todos los ciudadanos, de las leyes, de las instituciones y de que nadie es capaz de impedir la destrucción de la joven democracia mexicana.

Se los dije.