Desde luego que las migraciones en el mundo son forzadas por situaciones difíciles en el pais de origen y supuestamente atractivas por el sueño de una mejor condición y calidad de vida al país receptor o al que se dirigen. México como país de tránsito en la migración centroamericana hacia EU ha tratado el tema con ambigüedad, sin estrategia para resolverlo y menos aún como un riesgo de seguridad nacional.

Ayer martes, el presidente estadounidense Donald Trump, enfrascado en su campaña reeleccionista, volvió a fijar la posición central sobre la inmigración, dijo estar al 100 por ciento para cerrar la frontera entre Estados Unidos y México. Vía twitter ha dicho que nuestro país no hace nada para frenar la migración, reciben dinero y puro bla bla junto con Guatemala, Honduras y El Salvador. Ha reafirmado que cerrará dicha frontera si no se frena la caravana madre. La Casa Blanca espera que México reaccione y evite la inmigración ilegal.

La posición mexicana ha sido fijada por quien dirige la política exterior, el titular del Poder Ejecutivo, el presidente López Obrador.

Sin embargo, anda por los meandros de un río revuelto. El presidente no puede jugar a las escondidas en defensa del interés nacional, no puede salir con un ridículo “me zafo” o establecer una patraña de supuesta consulta a “expertos” y “asesores” que asisten a un mitin en Poza Rica, Ver., y quienes le dicen a mano alzada, que no debe responder a las bravuconas provocaciones del presidente Trump.

López Obrador contribuye a la ambigüedad en la cuestión de los migrantes, da tiempo al tiempo esperando que se resuelva sólo el problema, una típica política del avestruz. O peor aún redime la nostálgica posición liberal del “dejar hacer y dejar pasar” para ganar tiempo y que el problema se le olvide a su homólogo estadounidense; también esperaría que se resuelvan los problemas que causan la migración centroamericana, que desaparezcan los conflictos o guerras civiles, la secuela de persecuciones, violencia, inseguridad e inestabilidad social que provoca la carencia de oportunidades y fomenta la inmigración.

En México las tareas de atención y seguridad para los migrantes se han vuelto limitadas, carecen de perspectiva estratégica y la autoridad migratoria en la frontera sur mexicana ha sido rebasada; los problemas de abusos en su paso por el territorio nacional continúan y se incrementan conforme avanzan a la frontera con EU; su impacto adverso en mujeres, niños y adultos de la tercera edad, ha sido mayor y no se avizora pronta solución.

El número de migrantes centroamericanos y de otras partes, ha rebasado desde el inicio del gobierno lopezobradorista, las cantidades del pasado. En este problema no se puede culpar a los expresidentes o a la corrupción, ni zafarse, ni salirse por la puerta fácil, ni engañar al pretender que ya se ha resuelto porque se dice en el discurso oficial, ni mucho menos con un vamos bien o que saldrán mejor las cuentas, aunque no les guste a los conservadores.

El tema migrante debe ser abordado como un riesgo de seguridad nacional, que demanda una visión de la política exterior que busque acuerdos concretos con los paises expulsores y el pais receptor, con la presencia activa de la ONU y la OEA. No con sueños guajiros, ni al ahí se va, más cuando algunos ven un posible involucramiento del terrorismo y la delincuencia organizada transnacional.

Mientras el presidente López Obrador no se tome en serio el problema de la Migración, nadie lo tomará en serio a él y así, los EU seguirán insultando y tomando al país como el traspatio o la oficina de atención a migrantes, ordenándole qué y cómo hacerle e impulsando una imagen de subordinación que está sujeta a la voluntad y caprichos del presidente Trump.

Es cierto, la política exterior es en gran medida política comercial y, en ambas, el presidente López Obrador no tiene ventajas, además no es su fuerte y el costo para los mexicanos y para los migrantes sigue siendo muy alto. Esperemos que las pérdidas por un posible cierre fronterizo no sean tan altas para los mexicanos.
Lo anterior es preocupante dado que la titular de Gobernación dijo hace algunas semanas que en Tijuana habían resuelto el problema migratorio y que nunca los gobiernos anteriores habían hecho esto y en tres días. El autoengaño genera confianzas que derrotan cualesquier política.