Estamos en primavera y florean las jacarandas. Como todos los años, la Ciudad de México se tiñe de color violeta. Para mí, y seguramente para muchos mexicanos, ver la primera jacaranda florear es una señal inequívoca de que la primavera está a la vuelta de la esquina. Si algo me gusta de la Ciudad de México son sus jacarandas y todo lo que inspiran. Son, sin duda, una parte importante del paisaje de nuestra capital.

“Tienes derecho a tener tu propia opinión, pero no a tus propios hechos”, dijo el embajador y senador norteamericano Daniel Patrick Monyhan, que no por nada fue asesor de cuatro presidentes. Si bien podemos tener diversas opiniones sobre un suceso, no podemos acomodar los hechos a nuestra satisfacción. La conquista, nos guste o no, es una parte de nuestra historia. Inició hace 500 años y después de una encarnizada lucha, la Gran Tenochtitlán cayó, lo que dio inicio a la etapa colonial de nuestro país.

Hace unos días la senadora Jesusa Rodríguez declaró que el comer tacos de carnitas es un festejo a la caída de Tenochtitlán y, por ende, algo condenable. Sus palabras, como era de esperarse, levantaron polémica en redes sociales.

Cada uno es libre de escoger si quiere ver este suceso como una desgracia o como parte de nuestra historia. Pero no podemos cambiar el hecho de que sucedió y que es imposible entender al México de hoy sin este evento. Ese encuentro (o choque) de culturas, nos hace que seamos lo que somos. No podemos cambiar el pasado, simplemente estudiarlo y tratar de entenderlo para no cometer los mismos errores. No encuentro nada positivo en condenar la conquista y llorar por la caída de Tenochtitlán, me parece una pérdida de tiempo y una manera de rechazar al México que hoy somos. Por lo pronto, me rehúso a considerar a los sabrosos tacos de carnitas como una celebración de la caída de México Tenochtitlán. Son parte de la gastronomía de mi país, de la que me enorgullezco sin importar cómo llegaron aquí sus ingredientes. Es lo mismo que sucede con los chiles en nogada. Las nueces serán originarias de India, las trajeron los europeos, pero los chiles en nogada son orgullo mexicano.

Las jacarandas tampoco son endémicas de nuestro país, sino de África. Engalanan la ciudad gracias a la visión de un migrante japonés Tatsugoro Matsumoto, (de acuerdo con la versión más extendida), y ya son parte indispensable del paisaje de la ciudad, independientemente de si nos gustan o no. ¿Tiene caso lamentarnos o enojarnos por las plantas que, en su momento, se quitaron para sembrarlas? ¿No será mejor buscar la manera en las jacarandas que desarrollen adecuadamente en nuestra ciudad? Cada uno tendrá una opinión y muy válida al respecto.

Buen miércoles a todos.

Espero tu opinión en mi cuenta de Twitter @FernandaT