La relación del presidente López con los medios de comunicación y las redes sociales debe enmarcarse en el respeto, generar confianza entre propios y extraños y llevar a construir proyectos de seguridad y desarrollo de interés nacional.

El estilo personal de gobernar debe concentrarse en una convocatoria que sume a los mexicanos en la unidad nacional, que se requiere para resolver problemas y avanzar al desarrollo necesario. Ello demanda prudencia, paciencia y persistencia.

Seguir una ruta distinta, un discurso que divide y polariza, que insulta y denigra, que se viste de mentiras o de medias verdades, como ha ocurrido recientemente con las diferencias presidenciales con el periódico Reforma y el periodista Jorge Ramos, lleva al Ejecutivo federal a que sea desnudado, a un desgaste y deterioro de su imagen y legitimidad, por una innecesaria confrontación abierta, mayor y absurdamente vestida de ignorancia, vanidad y soberbia, que le expone a una derrota en su idea de proyecto de nación, en donde perderá confianza y, entonces, se complicará su gobierno y la vida cotidiana.

Hay temas que no son su fuerte, como lo ha mostrado en sus tradicionales mañaneras, ya sea la política exterior, la economía global y nacional y la inviable visión de la seguridad pública. En donde había mantenido una ruta en ascenso, era en los programas de desarrollo social, ahí ya ha recibido golpes de los grupos afectados y, en el tejido de la política interior, también ha acusado golpes de sus otrora aliados, como es el caso de algunos gobernadores, la CNTE, la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo y de colaboradores en su partido; es un fuego amigo, que también quema. En este último caso, ha ninguneado a colaboradores o miembros de su gobierno, quienes han osado expresar una visión distinta a sus ofertas, como ha ocurrido con Jiménez Espriú y Carlos Urzúa, titulares de Comunicaciones y Transportes y de Hacienda.

Sin menor recato ha pasado de la muina mañanera y las corruptelas atribuidas al pasado, a las amenazas en presente, y los torquemadas futuros, eso no es propio de un buen político, de alguien que dice que gobierna para todos y respeta las libertades y usa como escudo a Juárez y se baña de pueblo a toda hora.

Les dijo a los periodistas, buenos y malos, con el ronroneo de la prudencia, que si se pasan ya saben lo que les ocurre, que serán lapidados en las redes y la plaza pública, por el pueblo, ese pueblo que no admite que le toquen a su supuesto líder ni con el pétalo de una crítica, por muy constructiva que sea.

Es una pena que las mañaneras muestren el rostro autoritario, el doble discurso, la satanización contra los que discrepan, la insensatez y falta de respeto por quienes le siguen y la pobreza argumentativa para exponer ideas, proyectos o políticas públicas.

Mexico merece algo más productivo socialmente y mejor ejemplo de sus gobernantes, que simple rijosidad amargada o una animosidad trasnochada, que se basa en un pasado incomprensible y en la incertidumbre del futuro; el desarrollo y la seguridad se alejan de la realidad ante el ímpetu destructor, sin sentido en el horizonte nacional. Hay problemas y no se avizoran soluciones.

Si bien Notre Dame de París bien vale una misa, en el actual via crucis de
México, sabemos que los redentores tienden a ser sacrificados, las caídas ya han iniciado.

Si ustedes se pasan ya saben lo que sucede. Dice el presidente a quienes le acompañan en las mañaneras, ojalá no lo vayan a dejar solo o que él se enoje y las cancele, son un voyeurismo político que no tiene precio.