El fallido Presidente Andrés Manuel López Obrador sabe que está gobernando con las patas, que su gestión apunta a convertirse en un desastre. A poco más de dos meses de comenzar su sexenio, AMLO ya nos ha hecho perder mucha plata y mucho tiempo.

Sus improvisaciones son antológicas, como la de su fracasada “guerra contra el huachicoleo” que, entre otras cosas, ha generado desabasto de combustibles, compra emergente de pipas, pérdidas económicas millonarias, miles de horas/hombre echados a la basura, muertes de civiles por accidentes previsibles, etc.

Súmenle la cancelación del NAIM, las becas para los parasitarios ninis, la pasividad ante la delincuencia organizada de la CNTE, el recorte presupuestal a las estancias infantiles, el aumento artificial al salario mínimo, la reducción impositiva sólo en la frontera norte, la opacidad e ineficacia con respecto a la muerte de la gobernadora de Puebla y de su esposo, el dispendio para el caprichito del Tren Maya, las becas universales para los preparatorianos, la militarización del país, el retorno al proteccionismo de los precios de garantía, el uso político de la religión (violando el Estado Laico), el apoyo velado a la dictadura socialista de Nicolás Maduro, etc.

Todo esto se veía venir desde la campaña y algunos lo hemos venido exhibiendo desde hace, al menos, un año.

Por ello, no nos extraña que el aprendiz de tirano esté haciendo todo lo posible para congraciarse con las Fuerzas Armadas de México. Prefiere tenerlas de su lado. Todo lo que sea necesario para evitar que los milicos le den un golpe de Estado.

AMLO conoce bien la historia, al menos la que le conviene. Y por supuesto que todos los días se levanta recordando a su ídolo Salvador Allende, ese pésimo y negligente presidente socialista que llevó a Chile a un conflicto que, hasta la fecha, sigue mostrando sus cicatrices.

La incompetencia de Allende llevó a Chile a la ruina económica y a la polarización política, y esta misma incompetencia se halla en la raíz del golpe de Estado que le propino el General Augusto Pinochet.

Al final del cuento, la Cuba castrista y la Unión Soviética dejaron morir solo al inepto e iluso Salvador Allende, mientras que Pinochet contó con el apoyo de las fuerzas armadas, del gran capital, de la oposición chilena y de los perversos resortes de la CIA.

Queda claro que AMLO trata de tener contentos al Ejército y a la Marina, mientras integra a su propia guardia pretoriana: la Guardia Nacional. No sólo elevó el presupuesto de las Fuerzas Armadas para el 2019: también les ha dado a los milicos jugosos negocios inmobiliarios (Santa Fe) y aeroportuarios (Santa Lucía).

AMLO hará lo que sea para evitar que los militares lo saquen del poder por inepto: aprendió bien las lecciones de Allende y de Chávez.

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