“Tengo el sueño de que mis cuatro hijos pequeños algún día vivirán en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter”. Martin Luther King, Jr.

La justicia se representa con una venda en los ojos ya que debe juzgar el hecho, sin importar quién lo comente. No importa si es pobre o rico, si es alto o chaparro, gordo o flaco. Es el hecho el que se juzga con sus respectivos agravantes o atenuantes. Juzgar a una persona por su apariencia, y peor aún, descalificarla, es además de un error, una bajeza.

Sí. Criticar o juzgar a otros por su apariencia es muy común y lo hacemos todos. En el gran circo que son las redes sociales lo vemos con preocupante frecuencia. Pero si queremos tener un país mejor y que nuestra crítica sirve, debemos enfocarla en el fondo y no en la forma. El trabajo del Sr. Gibrán Ramírez puede gustarnos o no; sus comentarios en Twitter pueden parecernos absurdos o de mal gusto y se vale ser críticos con de eso. Pero descalificarlo por su edad y burlase de su físico, alegando una semejanza con una cabeza olmeca es inaceptable.

El pasado fin de semana, Beatriz Gutierrez Müller, Titular del Consejo Asesor de Memoria Histórica y Cultura, y esposa del Presidente Andrés Manuel López Obrador, dirigió unas palabras sobre la importancia de la lectura, durante la presentación del Programa Nacional de la Lectura. Un discurso en el que habló como la lectura despierta la conciencia, nos hace gozar y puede darnos paz. Atinadamente subrayó que un libro es un buen compañero. ¿Sobre qué versaron los comentarios (muchos irrepetibles) en Twitter? Sobre su arreglo, comentando que su vestido tenía una mancha de sudor.

¿Qué nos pasa? ¿De cuándo acá sudar es un pecado? ¿Por qué no revisar sus palabras durante el discurso y criticar el fondo del mismo? Nos quejamos de la falta de argumentos que encontramos en redes sociales, pero somos parte del problema cuando discutimos esas tonterías que distraen, generan ruido y no aportan nada para el país.

En una publicación periódica de corte religioso titulada The friend, en 1898 publicó una recomendación sobre las conversaciones civilizadas diciendo que hablar acerca de las cosas, no sobre las personas era casi una máxima de guardería sobre los temas apropiados en las conversaciones. Desde luego, la razón es simple: es más fácil hablar de personas (en especial mal) que de cosas o ideas. Para las dos últimas se requiere conocimiento mientras que para la primera únicamente amargura.

Años más tarde, el historiador británico Henry Thomas Buckle, dividía a las personas en tres clases u órdenes de inteligencia: “Se puede distinguir a la clase más baja por el hábito de hablar siempre de personas; la siguiente por el hecho de que su hábito es siempre conversar acerca de las cosas; los más altos por su preferencia por la discusión de ideas”.

Para cambiar, México necesita que TODOS (servidores públicos incluidos) discutamos ideas o cosas, pero NO de personas

Buen miércoles a todos.

Espero su opinión en mi cuenta de Twitter: @FernandaT

*Esta frase, palabras más, palabras menos se atribuye a Eleanor Roosevelt también.