En los meses iniciales del primer periodo de esta legislatura, preguntamos aquí si era posible que, por lo visto con las primeras decisiones, estuviéramos frente a un Congreso de improvisaciones y oportunistas.

El tiempo se encargó de darnos la respuesta al menos en el tema de la improvisación. Y sumó un factor más a la dudas que se tenían sobre la independencia del legislativo frente a un ejecutivo casi todopoderoso: el de la imposición.

Vayamos por partes. Primero, las ternas reenviadas por el presidente para cubrir los espacios en la Comisión Reguladora de Energía (CRE), las cuales incluyeron a los mismos candidatos que las primeras; es decir, nombres rechazados que volvieron a ser criticados por buena parte de la oposición, que los consideró una burla y un reto proveniente de Palacio Nacional.

Si bien es cierto que la ley permite que el presidente reenvíe las misma ternas o las modifique, el hecho de que solo haya cambiado un perfil es visto como un mensaje claro para los opositores: si vuelven a rechazar mis propuestas, la ley me permite elegir a los comisionados de ese órgano regulador, sin que su opinión cuente. Es decir que al final se saldrá con la suya.

Por ahora, los críticos de las ternas aseguran que, aunque el presidente designe a sus incondicionales, todavía tienen el as de la Suprema Corte bajo la manga. Sin embargo, es muy cuestionable que los aspirantes de nueva cuenta hayan hecho el ridículo en sus comparecencias y que no tengan el tamaño político para decirle al presidente que no son competentes para los cargos a los que son propuestos. En fin.

El segundo hecho cuestionable es el de la reforma educativa que fue congelada gracias a los desplantes de la CNTE y a la debilidad del poder legislativo.

“No tenemos prisa por aprobarla”, dijo Mario Delgado, al anunciar que buscarán el consenso del magisterio (debería decir del 18% de los maestros a nivel nacional) para que la minuta pueda subir al pleno para ser discutida.

¿Y qué dijeron desde el ejecutivo? Que sus diputados y senadores deben eliminar todo lo que podría verse como una agravio para la disidencia magisterial.

Lo lamentable es que la opinión pública ha visto como una derrota ese congelamiento. La sensación es que en el tema educativo la CNTE logró doblar a dos poderes de la unión y que, al final, se hará la voluntad de un pequeño grupo que, hay que recordarlo, se llevó unos cuantos millones del gobierno de Peña Nieto gracias a sus protestas y sus intentos de desestabilización.

En el fondo de estos polémicos temas, parece que el mensaje que quieren enviar desde Palacio Nacional es que -a como dé lugar- el poder legislativo debe someterse al ejecutivo. Aunque si no es así y todo se está malinterpretando, más vale que en el gobierno tengan claro aquel viejo dicho que reza: “no hagas cosas buenas que parezcan malas…”.

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A propósito de la reforma educativa congelada, ¿cuántos pasos atrás vamos del mundo? Especialistas en la materia aseguran que la grilla alrededor de la discusión (y no discusión) de la propuesta presidencial condena a millones de niños mexicanos en el futuro, ya que mientras aquí se le da todo el poder a un grupo porril y se discute por la “calidad” y la evaluación de los profesores, en otras partes del planeta se discute y se legisla sobre la automatización, la inteligencia artificial y la aplicación integral de las nuevas tecnologías, entre otras cosas, para los trabajos del futuro en las escuelas, con especial énfasis en preparatorias y universidades.

¿Y sobre ese atraso -incluso en el debate nacional- quién va a responder en los próximos 30, 40 ó 50 años? ¡Feliz puente, diputados y senadores!