Pues bien, ya estamos viendo los resultados de la política de austeridad diseñada y aplicada por López Obrador: medidas estúpidas que, por ahorrarse unos cuantos pesos en el corto plazo, terminan generando nuevos gastos en el largo plazo. “Lo barato cuesta caro”, dicen por ahí. Algo así puede decirse de la política de austeridad del pésimo gobierno de López Obrador.

En el ámbito de las ciencias administrativas, la austeridad siempre ha sido un principio fundamental… ¡siempre! Pero es un asunto de vital importancia saber aplicarlo, sin duda alguna. López Obrador no ha sabido aplicarlo: le gusta presumir la austeridad de su gobierno y hasta mandó a hacer una ley especial en la materia, pese a no ser necesaria.

Pero ya lo sabemos: López Obrador es un vulgar fanático religioso que se cree San Francisco de Asís. Le gusta presumir su falsa pobreza (de 108 mil pesos al mes), adornándola con frases idiotas y demagogas del tipo: “No puede haber gobierno rico con pueblo pobre”. ¿Gobernante de 108 mil pesos al mes es un gobernante pobre?

¡Bah, payasadas engaña-bobos!

Por supuesto que siempre será correcto eliminar gastos innecesarios, siempre será correcto ahorrar recursos y, cuando la crisis apriete, nada mejor que evitar gastos suntuarios. Un buen administrador debe mirar siempre por la mejor aplicación de los recursos, que por esencia son escasos y limitados.

Pero resulta que administradores tontos, como López Obrador, pretextando austeridad pueden recortar gastos necesarios, axiales y estratégicos, de tal modo que este recorte se traduzca en un boquete que hay que cubrir… ¡incurriendo en un aumento del gasto!

¡Cuidado, pues, con el administrador “austero” que, por ahorrar en comida, te deja sin comer!

Algo así acaba de pasar: los muchos incendios forestales que tienen a varias entidades del país en situación apocalíptica, se deben en buena parte, ahora lo sabemos, a la reducción del presupuesto destinado a los programas anti-incendios a cargo de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR).

Gracias al programa de empleo temporal de brigadistas forestales, había sido posible aplicar medidas efectivas de prevención y detección temprana de incendios. Pero resulta que, gracias a la “política de austeridad” del Ganso Desplumado, dicho programa se vio muy afectado tras el fuerte recorte presupuestal que sufrió la CONAFOR.

Obvio, la SEMARNAT salió a decir que este recorte no ha afectado las acciones de combate a los incendios. Sólo le faltó decir que los 130 incendios forestales que se presentaron recién en 20 estados del país, son producto del neoliberalismo.

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