Lo dicen gobernadores y alcaldes de todo el país. Más aún, lo ratifican expertos en seguridad; “el crimen está de fiesta desde que el presidente Obrador declaró que había terminado la guerra contra el crimen”.

Otros expertos van más allá y se atreven a decirlo sin tapujos; “todas las señales apuntan a un pacto entre grupos criminales y el gobierno de Obrador”.

Y es que a partir de mensajes de AMLO como la “amnistía a delincuentes” y “el fin de la guerra” contra bandas criminales, se desataron en todo el país la violencia y el crimen.

Es decir, que los barones del crimen vieron en “la amnistía” y “el fin de la guerra”, señales claras de impunidad.

Por tanto, se dispararon la lucha por territorios, cobro de piso, secuestro, robo y venta indiscriminada de droga; además de la trata de personas. Todo sin ningún freno oficial.

Por eso, a 80 días de iniciado el gobierno de López Obrador, el número de muertes violentas llegó 5 mil –un promedio de 63 crímenes por día–; cifra superior a cualquier inicio de gobierno de toda la historia. En esos mismos 80 días el número de periodistas asesinados llegó a 5 el pasado fin de semana.

En pocas palabras, el crimen está desatado y tiene permiso y protección oficiales.

Por eso obliga la primera pregunta; ¿dónde quedó la promesa de AMLO, de que al día siguiente del inicio de su gestión acabarían la violencia y el crimen?

En la Ciudad de México, por ejemplo, el Centro Histórico es una zona de guerra a causa de la luchas entre bandas criminales que disputan cobro de piso y venta de droga. En realidad todo el Valle de México es territorio de violencia y crimen, frente a la inexistencia de la autoridad.

En la capital también se desató la persecución de mujeres jóvenes a las que se hostiga, secuestra, desaparece o asesinan.

Y frente a la exigencia de una mayor seguridad, la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, responde con la misma fórmula de su jefe; se dice víctima de una persecución, pero nunca se compromete a bajar los niveles de violencia que son de escándalo.

Otro ejemplo es Veracruz, en donde los ciudadanos desesperados gritan de manera pública a sus alcaldes –como los de Coatzacoalcos y Boca del Río, entre otros–, mientras el gobernador de Morena, Cuitláhuac García, cierra los ojos a la violencia.

En Guanajuato la criminalidad está fuera de control y el otrora pacífico Bajío es tierra en manos de algunas de las más despiadadas bandas criminales que matan, secuestran, extorsionan y venden drogas a placer.

Nuevo León vive en focos rojos. Y es que, como no ocurría en años, en los municipios más ricos de esa entidad –San Pedro y Monterrey–, aparecen cuerpos desmembrados, se incrementa todo tipo de robos, autos incendiados y se producen balaceras.

Frente a la violencia creciente, Miguel Treviño, alcalde de San Pedro, –ex periodista y ex panista que se postuló y ganó como independiente–, pidió ayuda al gobierno estatal para que la Fuerza Civil –que es la policía estatal–, se hiciera cargo de la seguridad municipal, en tanto los uniformados de San Pedro fueron obligados a realizar exámenes de control de confianza.

A su vez, el gobierno estatal pidió la presencia militar en 11 municipios de la zona conurbada a Monterrey –para el llamado Operativo Metropolitano de Seguridad–, luego que el propio gobernador reconoció que están fuera de control la violencia y el crimen.

Por eso, frente a la emergencia nacional, obliga de nuevo preguntar; ¿Por qué está fuera de control la violencia y el crimen en todo el país?

Como saben, en diciembre de 2017, López Obrador propuso amnistía a las bandas del crimen, como respuesta a la violencia sin freno. Ya como presidente electo, en agosto de 2018 regreso a su propuesta y –una vez presidente constitucional–, en febrero de 2019, Obrador declaró “el fin de la guerra contra las bandas criminales”.

Apenas el sábado pasado, en Durango, volvió al tema e insistió; “El fuego no se apaga con fuego; la violencia no se resuelve con violencia”.

El mensaje es claro, en el gobierno de AMLO las bandas criminales son impunes para hacer y deshacer; el Estado claudicó su responsabilidad y dejó a los ciudadanos a merced del crimen.

Pero tenemos que volver a preguntar; ¿A quién sorprende la complicidad de López Obrador con el crimen?

Si hacemos memoria recordaremos que como jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, Obrador dejo hacer y dejó pasar a las bandas criminales en la capital. Por eso el enojo social y, por eso, “La Marcha Blanca”.

Hoy la historia se repite y pocos lo recuerdan.

Al tiempo.