El pasado martes 09 de julio, Carlos Urzúa renunció a su cargo de Secretario de Hacienda del fallido gobierno de López Obrador. Y aunque el suceso fue sorpresivo y escandaloso, hasta acaparar todos los espacios noticiosos, se veía venir de alguna manera.

Quien lleva las cuentas de la casa, sabe muy bien qué se puede y qué no se puede conseguir, más allá de la demagogia del “jefe de la casa”. Y quien sabe administrar en serio la casa, debe contar con un agudo sentido del realismo tirando al pesimismo.

A Carlos Urzúa le tocaba llevar las cuentas del desgobierno de la Cuarta Transformación y, obvio, ya sabía desde meses atrás que este barco populista e irresponsable tiene múltiples boquetes que lo están condenando al naufragio. Todo es cuestión de tiempo.

Lo único que hizo Carlos Urzúa, pues, fue abandonar el barco a tiempo, sabiendo muy bien que se avecina una catástrofe. Se tiró al mar con salvavidas para nadar hacia una playa segura o, al menos, para no ahogarse en alta mar.

Pero vamos más allá, porque en muchos círculos políticos, sociales y periodísticos se está hablando de Carlos Urzúa como de un “héroe”, de un “hombre congruente”, de un “crítico valiente”… ¡no, nada de esto!

La verdad es que Carlos Urzúa no es más que un cómplice de la 4T que busca una cura para su propio espanto, y que quiere evitar una tacha imborrable en su prestigio profesional.

Perdón, sinceramente: ¿qué economista de veras profesional y probo acepta trabajar para un tirano bruto e irresponsable como López Obrador?

Algunos aplauden la renuncia de Carlos Urzúa cuando, en realidad, resultaba muy cuestionable y reprobable su disposición a aceptar ser el Secretario de Hacienda de López Obrador. ¿A qué le tiraba, realmente Carlos Urzúa? ¿De veras llegó a pensar que podía influir positivamente en un zoquete como López Obrador?

Perdón, perdón… ¿qué economista profesional y sensato no supo, desde la campaña del 2018, que López Obrador estaba proponiendo cosas irrealizables, insensatas, parasitarias o deficitarias al calor de su talante populista?

Si Carlos Urzúa estuvo poco más de un año (campaña, transición y ejercicio presidencial) en uno de los espacios clave del equipo de López Obrador, fue porque miró con buenos ojos, al menos durante un tiempo, las locuras y estupideces del Tirano de Macuspana.

Por tanto, su renuncia fue un acto tardío de autocorrección con fines de sobrevivencia profesional, porque cualquier profesionista serio quedará estigmatizado de por vida sólo por haber trabajado para un gobernante ignorante e irresponsable como López Obrador.

Carlos Urzúa reculó a tiempo, eso es todo. Pero el error fue cometido con plena conciencia.

Y así deberán recular muchos otros profesionistas, cuando se den cuenta de que una chamba en el presente no vale una deshonra en el futuro.

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