Esta semana, parte de la discusión pública estuvo centrada en las estrategias propagandísticas y el uso de la comunicación política en torno a la figura del presidente Andrés Manuel López Obrador, tanto para promover como para desvirtuar su imagen.

El pasado 13 de marzo, el Signa Lab del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) presentó un informe sobre el análisis de tendencias y tipologías en Twitter de la llamada #RedAMLOVE, un círculo de usuarios de redes dedicado a atacar a los críticos del presidente.

Signa Lab analizó el posicionamiento en Twitter de los hashtags #PrensaFifí y #Chayoteros, generados en torno a las conferencias mañaneras del presidente. Al respecto, uno de los hallazgos fue las interacciones se generan de una forma “atípica, no orgánica”.

A partir de ello, los investigadores crearon cuatro categorías analíticas basadas en el comportamiento de los usuarios que atacan en redes sociales a los periodistas críticos de AMLO: 1) los “maestros de ceremonias”, aquellas cuentas desde donde se generan las narrativas que dirigen las acciones; 2) “el coro”, correspondiente a las cuentas encargadas de retuitear los contenidos; 3) los “Trolls” que “atacan directamente a los disidentes”; y 4) los “fans”, usuarios que “simpatizan de manera genuina con las narrativas generadas por el primer grupo, y que no parecen involucrados en la organización, pero abonan con su actividad a fortalecer los objetivos”.

Un día después de la presentación del citado estudio –y casi a modo de respuesta– el periódico Eje Central publicó un reportaje sobre la existencia de una “operación anti-AMLO” que se realizó antes de y durante las campañas presidenciales para desvirtuar la imagen del entonces aspirante de Morena.

La operación fue financiada –según el trabajo periodístico– por los empresarios Francisco Agustín Coppel (dueño de Grupo Coppel), Alejandro Ramírez (director general de Cinépolis) y Germán Larrea (presidente de Grupo México). También habrían participado los escritores Enrique Krauze y Fernando García Ramírez.

De acuerdo con el reportaje, Krauze y García Ramírez eran los “cerebros” detrás de un grupo de monitoristas de medios, investigadores, creadores de memes y vídeos, así como expertos en redes sociales dedicados a elaborar y viralizar contenidos en contra de AMLO.

En las oficinas de este equipo –ubicadas en el número 245 de la calle Berlín, alcaldía de Coyoacán– habrían sido creadas páginas como Pejeleaks o perfiles de Facebook hostiles hacia López Obrador como “Populismo autoritario”, “Napoleopez” y “Prensa México”. Además, allí se habrían concebido narrativas como la “trama rusa”, los nexos de AMLO con Maduro y supuestos vínculos del tabasqueño con el narco, entre otros “guiones” difundidos por equipos de “Trolls” en redes digitales.

Los dos ejemplos anteriores son perfectos para desmitificar a las redes sociales digitales como un espacio de expresión ajeno  a la manipulación y la influencia de partidos y grupos políticos.

También queda desmitificada la idea de las redes como un espacio público para el debate y el intercambio de opiniones. El debate y el intercambio existen, pero predominan el “trolleo”, las “fake news” e instrumentos propagandísticos como los memes, que –contrario a lo que pudiera pensarse– no son simples banalidades, sino valiosas herramientas para hacer inteligibles. ante casi cualquier audiencia, ideas complejas sobre partidos, actores políticos o problemas sociales. En las campañas, los debates intelectuales permanecen en el terreno de lo ideal, no de lo real.

Pero sobre todo, la “moraleja” de estos casos es que absolutamente todos los partidos y actores políticos recurren a estas estrategias propagandísticas.

La conclusión del estudio del ITESO fue que la #RedAMLOVE es “una sofisticada estrategia política, pues en su operación están presentes la planeación y replicación de contenidos contra periodistas, medios y personas con una opinión que ponga en cuestión lo planteado por AMLO, generando así una polarización que puede llevar a algunas voces a la autocensura, al tiempo que producen y posicionan un agenda”.

En el mismo sentido, la llamada “operación anti-AMLO” podría describirse como una «operación política» para producir y replicar contenidos a favor del presidente, generar polarización y crear una agenda favorable a su causa.

Es tiempo de asumir la realidad sobre la forma en que se realizan las campañas políticas en la actualidad, por más que esa realidad se aleje del terreno de lo ideal. Asumir esa realidad implica dejar de victimizar a un personaje o grupo político para, en cambio, reflexionar sobre los contenidos propagandísticos a los que estamos expuestos más allá de filias y fobias.