El gobierno de Andrés Manuel López Obrador apesta a corrupción y a contradicción. No puede ser de otra manera: el Gansito Amoroso se ufana de “combatir la corrupción”, pero protege y apadrina a una organización abiertamente delictiva y gansteril, cual es el caso de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, la CNTE.

El último capítulo de esta organización delictiva, integrada por pseudo profesores, se vive en Michoacán: ahí están los dizque docentes, obstruyendo vías federales de comunicación, que de suyo es un delito, y afectando la operación de cientos de empresas y de millones de consumidores, con la consecuente merma de la economía de personas, familias, empresas, comunidades, municipios y entidades federativas.

¡Y el gobierno del aprendiz de dictador, Andrés Manuel López Obrador, no actúa en consecuencia! AMLO no apela al uso legítimo de la fuerza del Estado para mantener la gobernabilidad y, en cambio, permite que sus aliados político-electorales (la CNTE en este caso), delincan a sus anchas, con premeditación, alevosía y ventaja.

Nos queda claro que AMLO no es un gobernante con visión de Estado, sino un militante más del viejo populismo autoritario que tanto daño le ha hecho a América Latina.

López Obrador permite que sus huestes cometan toda clase de tropelías de forma abierta, a plena luz del día e institucionalizando la ley de la selva, la ley del más fuerte, la ley de la violencia.

Para colmo de males, AMLO siempre nos sale con la estupidez de que él “nunca reprimirá el pueblo”, lo que, en los hechos, significa que siempre dejará delinquir a sus amigos y a sus aliados.

Y la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, una vil cortesana y ex ministra de la Corte, se la pasa diciendo que dialogará y dialogará y dialogará y dialogará con los delincuentes de la CNTE para que, por las buenas, dejen de delinquir. ¿Qué ley faculta de las autoridades públicas a “dialogar” con los delincuentes cogidos en flagrancia?

¿Cómo pudo llegar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación una mujer (Olga Sánchez Cordero) que ignora que, a los delincuentes hallados en flagrancia, se les aprehende y se les presenta de inmediato ante las autoridades ministeriales? ¿Influyentismo? ¿Corrupción?

El drama se narra solo. ¿Cómo pudo llegar a la Suprema Corte una mujer con esa mentalidad? Como para regresarla al primer semestre de la carrera de Derecho, a ver si entiende que sólo al Estado le corresponde el uso legítimo de la fuerza ante los gobernados que conculcan la ley.

De Alfonso Durazo, ni qué decir: afable con los delincuentes desde el gobierno de Vicente Fox.

Concluyamos: AMLO protege a los delincuentes que lo apoyan (integrantes de la CNTE). AMLO es un gobernante corrupto.

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine

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