Nadie se atreve a cuestionar y quien lo hace es perseguido. Comete el peor de los pecados si se atreve a decir que es mala idea y es linchado en la palestra de las redes sociales.

Lo mismo linchan a periodistas, intelectuales y expertos. AMLO sabe de todo, habla de todo y resuelve casi todo, pero cuando algo sale mal, es culpa de los demás.

En las conferencias mañaneras pocos se atreven a hacer las preguntas importantes y López se limita a evadir, a hacerlos reír, a dar vueltas en lugares comunes sin pies ni cabeza. Cuando por fin escuchamos una buena pregunta, nunca hay respuesta o son acusados de “prensa fifí”.

AMLO se siente todopoderoso y su soberbia lo tiene ciego, justo como lo que tanto criticó.

Andrés ha sido perseguido y hoy usa al gobierno para perseguir a sus propios funcionarios, Manuel acusaba de corrupción a los políticos priistas y su gabinete esconde departamentos millonarios.

López dijo que la venganza no era su fuerte y ahora pide juicio político para los expresidentes, Obrador era la esperanza de México y cada vez hay más arrepentidos por las desiciones que está tomando.

En las peores dictaduras los tiranos siempre fueron derrocados y como en las películas de ficción, el malo nunca gana. AMLO es todopoderoso porque está en la silla más importante del país, pero un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

No queremos un experto en todo, queremos un líder que consulte a los mejores de cada tema, que decida, que sea inteligente, que piensa en el bienestar de la mayoría sin inventos ni experimentos, con argumentos, con un plan, con ideas claras.

Y no se equivoquen, la mayoría también comete errores, el hecho de que haya tenido un alto número de votos no quiere decir que sea el mejor, no quiere decir que siempre tengan razón, no quiere decir que es todopoderoso.